TALANTE MESETARIO


ME GUSTA ANDAR PERO NO SIGO EL CAMINO


Tuesday, 8 December 2009

DÍA DE LA MADRE: PLACENTA Y LUZ




Amor, prendes la zarza para ver
La flor de luz rociarse de placenta,
El Verbo que en tu carne se alimenta
Brotando entre los rasgos de tu ser.



Y un Dios pequeño goza al conocer
La nana de una madre -aria lenta-
Las sonrisas que espantan la tormenta,
Los besos de calor y amanecer.


Tu vientre ha roto aguas a la Historia,
Portando el Niño al valle del dolor
A instaurar el anhelo de la Gloria.


Es Tu fruto, la cruz hacia el albor,
Tu sangre, bendecida en la Victoria
Tu sacrificio: simplemente Amor.

Friday, 20 November 2009

“You’ve got the swine flu!” (don’t tell your mom)


La sala de espera está ocupada por dos hombres leyendo el periódico, una mujer enfrascada en su magazine “Hello” y una madre que juega con su niño. El chaval tiene los ojos almendrados, parece casi chino y me sonríe con curiosidad. Miro a su mamá y tiene los ojos similares. La ventana refleja el ir y venir de gente bajo la lluvia. Tengo el gorro puesto. Al quitármelo noto toda una corriente eléctrica que retumba mi cuerpo. La fiebre se excita y me conmueve los interiores. Tengo que esperar un rato hasta que el doctor me hace una seña desde el fondo del corredor. Me levanto, hablamos, me ausculta me toma la temperatura, se aparta y me da las noticias:



- “don’t tell your mother and don’t worry…”


Creo recordar que esbocé una palabra malsonante. Solo esbozada porque me interrumpió de nuevo:


- “don’t worry, don’t get upset, it’s just everywhere, go home, take the medicines and stay in bed, that’s all”.


Salgo hacia la lluvia atrapado entre mi gorro, la bufanda y mis meditaciones efervescentes sazonadas por el surrealismo de la fiebre.

Mi casa tiene dos puertas, una da al mundo, la otra hacia el mar. Cierro la primera con todos los cerrojos y protecciones, será la salvaguarda de la cuarentena. La otra quedará libre para ventilar la casa con el aroma de la naturaleza marítima de algas y naufragios. Descuelgo mi bata marrón, aquella que solo gasto para las enfermedades importantes y me pongo el termómetro mientras observo al infinito mar de Eire.


Pandora, mi ángel protector golpea la entrada principal.


- “No entres Pandora, estoy en cuarentena”, digo desde el otro lado.

Pero Pandora no respeta cuarentenas, es un ángel intemporal, metafísico que no atiende a razones. Abro la puerta y me alejo veloz a la chimenea cubierto con un pañuelo triste y mi bata marrón. Pandora viste de violeta, desplegando vitalidad y gestos de energía, sonrisas de vida. Es de las pocas personas vivas que conozco, no se ha dejado enterrar ni por su edad, ni por su biografía, ni por sus proyectos, ni por el mundo. Pandora en cada gesto se renueva y muestra la niña eterna que late en su ser. Se ríe contagiando alegría, hace muecas y me deja un saco de provisiones. Todo lo que me ha comprado son cosas de Mark&Spencer: paté, zumos de todos los colores, panes de todos los sabores, pañuelos anti virus, botellas de alcohol para las manos, caramelos… no cabe nada en el frigorífico y me lo va mostrando desde la distancia con poses y algarabía. Es un contraste de movimiento en púrpura y ébano en mi cocina melancólica de platos sin fregar decorada por diez fotos en blanco y negro.


- “Que fotos te gustan mas, Pandora?” Digo desde la chimenea


- No pienses en las fotos ahora y descansa!! Friego esto esto y te las llevo a imprimir y hablamos. Don’t worry, you will be fine for the exhibition next week!!!!.

Me despido desde la chimenea esbozando mi pañuelo con virus y ella graciosamente, alada, ágil, se desvanece por la puerta con una sonrisa.


Miro mi cuaderno de guerra, mi diario a cinco columnas con los objetivos hasta final de año, mi biografía en cuadrícula tiene que hacer una pausa y trazo con temblor y rabia una gruesa línea mientras el gris del mar se funde con un cielo totalitario frente a mi ventanal.

Wednesday, 11 November 2009

TIEMPOS DE ORGASMO Y NADA: LA UTOPIA “ESTÁ EN TUS MANOS”

Leemos en los tabloides del Estado que la Taifa Extremeña está impulsando un programa educativo de actividades onanistas dirigido a las nuevas generaciones.



Sería una hipocresía decir a estas alturas de la película que este tipo de noticias nos sorprendan. Tras llevar analizando desde diferentes puntos de vista este fin de época, esta etapa absurda de la historia, este preludio mediocre del Apocalipsis (que, me temo, no será tan brillante como las pinturas de Signorelli en la Catedral de Orvieto) ninguna aberración no es ya sorprendente.


En este capítulo último del ciclo histórico nos hemos topado con sujetos como ZP y otros personajes de similar calaña, aceleradores del fin, productos salidos y adorados por el Pueblo, como una colección de flores pálidas crecidas a la luz, o a la ausencia de luz que caracteriza a esta época asquerosa de la historia.


Una Historia capada de raíces y transformada en invernadero que ha servido de laboratorio generador de hombres probeta con valores de autoayuda: autorrealizados, autosuficientes, naiffs, con falsas ternuras y gestos colorines. Queríamos un hombre nuevo y por fin nos salió creado a nuestra imagen y semejanza: multiorgásmico como Zerolo y portador de rencores eternos.


Precisamente Zerolo, modelo de tantas cosas, remarcó hace tiempo en frase gloriosa que "gozaba de orgasmos múltiples por causa de ZP". No necesitaba ninguna acción manual el Gran Zerolo; eran orgasmos de un misticismo laico, efervescente, natural, entusiasta, precoz de ansia urgente. Los nuevos hombres del futuro tienen que ir en esa línea pero hasta llegar a ese estado de lucidez que produzca un orgasmo inmenso, inmediato y plural tendrá que empezar utilizando las manos.


En este mundo acabado, el sexo y su subproducto orgásmico se ha convertido en la felicidad asequible y única para una época. Recuerdo hace unos años cuando se produjo el cambio fonético y sutilísimo del “seso” al “sexo”. De la noche a la mañana asistimos con asombro a la transfiguración de la s civil y provinciana en clave de estriptis voluptuoso en la x cosmopolita, sensual y perturbadora, antesala del gemido vocalizado. Cambiamos los paladares para pronunciarlo mejor y con los paladares abrimos las compuertas al torrente de flujos que venían portados por los apóstoles del amor libre de la época, los hippies, los gerifaltes del buen rollo, los ayatolás del “libérate!”… la mayoría de estos líderes se dejó su estúpida biografía en el SIDA y los que no, ascendieron rápidamente en la cosa pública.


Y pasó que, tras un tiempo de felicidad prometida vimos que la cosa no era para tanto. Ya años antes el maestro Pasolini empezó a vislumbrar apenado con ojeras de otoño en plena revolución sexual que todo este “invento” se estaba convirtiendo en: “Un edonismo neo-laico, ciecamente dimentico di ogni valore umanistico e ciecamente estraneo alle scienze umane


Nada nuevo bajo el sol. Un pasito mas en la autodestrucción. Un capítulo mas en el triste cuento que relata como en nuestra libertad “colocada” se empezó a destruir una hermosa vía de comunicación a través de disminuir la creación de vida hasta llegar a la incapacidad de la exploración lírica del cuerpo, incapaces siquiera de empezar a estar “ebrios de trementina y largos besos”.


Y nos quedamos en un sexo de instinto minúsculo, democrático, zeroliano, solitario o de polvete y rabia que simplemente entretiene y despista, evade.


La última copa de la última fiesta antes de suicidarnos por hastío en la “grand buffet”. Una folladura burdelera en clave orgasmos huecos y vacío que, en muchos casos será compartida por un par (o más) de caníbales en celo que ya ni siquiera tienen hambre.

Thursday, 29 October 2009

RESURRECCIONISTAS – MES DE DIFUNTOS

“El día de tu muerte sucederá que lo que tú posees en este mundo pasará a manos de otra persona. Pero lo que tú eres será tuyo por siempre”


Henry Van Dykev



 A la entrada del cementerio de Glasnevin, en uno de los muros formidables que custodian el simbólico lugar donde están enterrados los revolucionarios irlandeses, se puede leer una placa dedicada a los vigilantes nocturnos que protegían el Santo Lugar de criminales especializados en robar los cuerpos para posterior venta a estudiantes de anatomía.


A dichos sujetos se les califica en el letrero como ‘Resurrectionists’.


Me llamó la atención la palabra: entrecomillada con la erre mayúscula e intuida ya con la ironía que gastan los isleños. No me costaba imaginar la imagen expresionista en frío y sombras de película sepia con dichos profesionales de la ‘resurrección’ que, tras apurar unas pintas en el “Sean Kavanaghs” -también llamado Gravediggers entre los que lo solemos frecuentar- saltarían las tapias del lugar sagrado y entre el fango y un silencio roto a paladas y toses bronquíticas se ocuparían diestramente de violar la tierra para extirpar su semilla todavía caliente de una carne almada o alma encarnada sin mas audaz propósito que recibir unas monedas para licores mientras los últimos clientes del proceso esperarían en sus casas con manos limpias recibir el fruto.


Los resurreccionistas se irían con la labor cumplida en el medio de la noche dejando la tierra con cicatrices de cesárea inversa, malhiriendo la historia en un sacrilegio cotidiano sin adornos modernistas. Se irían como cumpliendo un trabajo, una función, una tarea sin mas preocupación en la conciencia que alguna eventual superstición.


Me perdía en estas divagaciones mientras hacía fotografías tratando de entender entre el contraluz el perfil dramático de la belleza helada de ángeles verticales, de la fiereza segura de los san jorges, del dolor fémina de las piedades, del sufrimiento sereno de los cristos anglos y de las lapidas ya mas modernas con formas de corazón y frases tiernas y sentidas.


Y pensaba entre plegarias y zooms envuelto entre la sinfonía mística de astros quietos, que todo lo que estaba viendo mi cámara, intentando reflejar entre requiebros de luz no era mas que un jardín de piedra brotado del dolor, de la lágrima y del misterio en rito. Que la semilla ardiente de la vida hecha se destilaba ante mí en un campo efervescente de cruces celtas y arte erecto hacia un cielo difícil color esperanza.


Me invadió el tremendo respeto a la muerte, la revelación de nuestra vocación última de memoria y tierra en el cuidado y delicadeza de esta antesala a la Vida.


Salí del cementerio con el alma en paz y cien fotos en mi cámara. Al girar por el panteón principal y saludar a la vendedora de ramos no pude evitar dar las gracias a todos los vigilantes nocturnos (y diurnos) que, en diferentes puestos, siguen velando para impedir que los ‘resurreccionistas’ que no creen en Resurrección ninguna se dediquen a seguir haciendo de la Historia negocio y de la Muerte, mofa.