TALANTE MESETARIO


ME GUSTA ANDAR PERO NO SIGO EL CAMINO


Tuesday, 2 February 2010

JOSÉ UTRERA MOLNA, PASO AL FRENTE: “SIN CAMBIAR DE BANDERA”

Con motivo de los actos talibanes ejecutados por la casta política española (“ejecución” de la estatua de Millán Astray en La Coruña) y ante el silencio cómplice general de los estamentos podridos de este estado en descomposición llamado España, vemos que el único en dar la cara es, de nuevo, Don José Utrera Molina. En solidaridad, homenaje y agradecimiento hacia él, repito mi artículo que escribí en su día a propósito de su libro de memorias: “Sin cambiar de bandera”

Observo diariamente en mi estancia en España una continua apelación a la Memoria. Memoria entendida como reconstrucción de nuestra Historia a partir de una serie de criterios gestionados por la actual estructura de poder - que comprende la casta política y los medios de comunicación- con el objetivo de la transformación del pasado en función de objetivos “modernos”. Curioso ante tal audaz obsesión acabo de terminar de leer el testimonio de Don José Utrera Molina, personaje clave que ostentó diferentes responsabilidades en el Estado Nacional del 18 de Julio de 1936. Memorias escritas hace veinte años pero con vigente actualidad y en edición ampliada.





Lo primero que llama la atención de este libro es la calidad de su escritura. Lo bien que está escrito para tratarse de un ministro. Subrayo este aspecto porque para las generaciones jóvenes nos resulta un tanto chocante la identificación del cargo de ministro con una tarea como la de escribir libros. De calidad, claro está. Lo que ya nos hace reflexionar en un primer momento sobre los diferentes criterios de selección de tales cargos: presencia en los gabinetes de currículums de élite y amplia experiencia frente a criterios de paridad genital tipo miembro-miembra.

Las memorias de Don José se inician con una introducción sobre los antecedentes ideológicos del personaje y su trayectoria en diferentes cargos para centrarse con detalle en el periodo de tiempo que transcurre entre dos hechos cruciales: el asesinato del presidente del gobierno Carrero Blanco por el terrorismo y el cese de Utrera como Ministro secretario general del Movimiento por Arias Navarro. Dos acontecimientos que se complementan en su eficaz objetivo de la disolución del Estado Nacional al suponer por un lado la eliminación del hombre responsable del gobierno y por otro la posterior erradicación del órgano encargado de la custodia ideológica. Estos dos acontecimientos han de esperar pacientemente la muerte del Jefe del Estado en su lecho para así provocar la total descomposición del Estado Nacional iniciando así la llamada Transición que desemboca en la Monarquía Borbónica Parlamentaria que actualmente tenemos el "placer" de disfrutar.


El señor Utrera desarrolla con gran detalle los movimientos, casi en clave de diario, que se producen entre esos dos puntos. Entre todos los nombres nos aparecen claros los principales protagonistas: Francisco Franco, el Representante de la casa de Borbón, Presidente Arias, Fernández Miranda y Adolfo Suárez.


José Utrera describe los hechos con fidelidad y documentación y lo que en realidad nos impresiona del libro es la reflexión amarga que el autor hace sobre sus compañeros - las élites del Estado- que son los autores de tal destrucción. Personas que habían jurado exactamente lo mismo que él pero cuyas acciones van encaminadas hacia la ruptura sistemática de aquella palabra empeñada ante Evangelios y Crucifijos. Tema hoy de moda, por cierto, desde el momento que se empieza a discutir la conveniencia de la presencia de crucifijos en tal ceremonia y no se menciona siquiera la absoluta farsa de tales juramentos (hoy promesas) que vemos sistemáticamente vulnerados. Quizá, pensamos, como continuidad lógica y coherente del origen de la Monarquía actual generada a partir de la particular “gestión” del Juramento conveniente modificado en su contenido y sustancia como si de una ingeniería jurídica se tratara que limpia “conciencias” técnicas y prácticas.


Utrera, la persona más allá de su vertiente política, nos aparece así como un hombre anacrónico, extraño, raro, inocente (o naiff como dice nuestro presidente), un ser de otra época en que los valores del Juramento y la Palabra dada empeñaban la vida y la obra de cada cual.


Sabemos que esos valores y por tanto ese tipo de hombre ya no existe y, por tanto, me permito recomendar humildemente a todos nuestros amigos leer con calma y crítica este volumen que sin duda será aleccionador para abrir grietas en este paraíso de cemento monocolor que estamos padeciendo y así ver con tranquilidad otros puntos de vista que contribuyan con libertad al debate de eso que llaman Memoria.

Wednesday, 20 January 2010

“UNA NOCHE DE RETRATOS: JUST THE WAY I SEE THEM”

"… esta serie de fotos atestiguan mi intento de extraer rasgos de la personalidad de miembros de mi familia a través de mi cámara. Sacarles del rol “familia” para intentar reflejarles como hombres y mujeres en su identidad individual. Éste es el resultado…”





Llueve con desesperación en Dublín mientras el gran “Design building” ilumina todo el campus del National College of Art. Es éste un edificio de grandes cristaleras donde las aulas se dividen en diversas especialidades: pintura, escultura, diseño… y un amable bedel preside con impecable uniforme y acento imposible la entrada principal.


Las aulas están en su mayor parte vacías a estas horas mientras los artistas fotográficos se preparan para exponer su obra a los tutores y a sus compañeros. He llegado diez minutos antes de lo habitual y busco la porción de pared donde voy a mostrar mi trabajo. Dejo mi mochila en la silla y saco con meticulosidad cada fotografía y los pequeños pedazos de plastilina que voy a utilizar como soporte.


La posición de las fotografías es fundamental para proceder a su explicación: así unos las colocan en una hilera, otros en dos, otros colgadas con pinzas metálicas. En mi caso he optado por colocar la única foto de color de la serie en el centro “Eden Revisited” rodeada del resto en forma de círculo.


“Aquí he querido reflejar a mis padres, no ya como padres sino como novios, en un jardín imposible y otoñal con colores de idilio. la cámara se aleja para enfatizar la confidencia fraguada en años de unión y la composición se enmarca en la simbología de dos árboles que proyectan el recuerdo de las sombras de nuestros Primeros Padres y el paraíso perdido que siempre se trata de recuperar con el amor en cada biografía…”


Hay una ilusión especial en la mirada de cada alumno. Todos colocan sus fotos con mimo como si estuvieran pegando en la pared trozos de si mismos que van a ser compartidos y analizados por el resto. A la entrada nos miramos los trabajos en silencio y de reojo, sin demasiados comentarios, con pudor y respeto. Es un gran exhibicionismo porque cada uno refleja su mirada estética sobre la realidad y así se define. Da la impresión de que al colocar las fotos nos estamos desnudando todos poco a poco y no nos atrevemos a mirar mas que a la pared, a las fotos, ritual del desnudo del yo civil para vestir al Ego Artístico que enseñaremos al resto en unos instantes.



 
Coloco la foto de mi padre en la esquina derecha y me aseguro de que está bien fija: “A new look at the world”


“…A veces no hace falta mostrar mas que una pequeña parte del rostro para dibujar la identidad, los sentimientos, el alma… en esta foto apenas una mínima parte del espacio está ocupada por la cara del protagonista y su mirada acapara toda la atención. Es la mirada de la aventura, de la curiosidad y de la nostalgia. La mirada que se deja descubrir por el mundo…”


Barbara tiene que irse un poco pronto y pide empezar la primera, ha hecho hermosísimos retratos sobre trabajadores del campo. Comentamos posteriormente cómo me recuerdan a los trabajadores del campo españoles… campesinos y marineros, ambas profesiones hermanadas con la naturaleza producen el mismo tipo de hombre que se hermana en la estética y en actitud de pose a pesar de la diferencia racial en las facciones.


“… las barras de la puerta me dan la imagen de prisión, de muro de cristal que separa el mundo exterior del universo íntimo de un hombre. Un hombre cercano a la culminación de su Destino que se expresa con gesto infantil unificando en un instante al intelectual y al niño…”


“The Wall of Glass” ha causado un impacto en Fionna como me reconocería luego. Su serie es un conjunto de retratos en Marruecos que muestran ahombres con facciones curtidas y maleadas por la vida. La enseño el resto de fotos de mi tío y se emociona.


“…la mujer es mas compleja y necesita de mas vistas, mi madre posa en tres imágenes de las cuales “The ages of mum” representa la evolución de su biografía simbolizada en muñecas, el juego como modelador de la personalidad. La vanidad de la juventud afectada acapara la luz en el centro de la fotografía… pero esta foto debe de ser leída en consonancia con “Reflections” donde mi madre se acapara finalmente de la luz y, difuminando a la muñeca adolescente, la convierte en objeto de su reflexión, en concepto, en idea, en recuerdo, en nube…”


Artur ha visto esta foto apenas la coloqué en el muro. Le vi observar mi conjunto y hacer comentarios a otro compañero. Al final se acercó para darme la mano, le encantó la cara de mi madre.


Sigue lloviendo en un Dublín postnavideño con adornos todavía colgados que acompañan a las rebajas del capitalismo. En el College se respira calor y arte, confidencias de un grupo donde los individuos se confiesan ante sus compañeros en esta peculiar terapia que es el Arte, la visión fragmentada y emotiva que se desprende al cortar la realidad en planos, en elegir el trozo de vida que quieres inmortalizar para hacerle estático y estético, para embalsamarlo con los colores o resucitarlo en blanco y negro.





“Que opinaban tus padres cuando posaban para ti?” Me dice David el tutor del programa.


Y pienso en ellos. Los veo en estas vacaciones pasadas dejándose hacer fotos desde todos los rincones, desde todos los ángulos, a traición, detrás de las puertas, bajo los árboles, sentados, de pie, sonriendo, pensando, bebiendo, de espaldas, desde arriba, contrapicado, desde el espejo…“Tu madre no mira a la cámara te mira a ti, por eso sale siempre tan bien”, “aprovecha la expresividad de los ojos de tu padre” decía la Mesetaria. En el retrato hace falta complicidad, tiempo, conocimiento, estudio de la persona… qué pensarían mis padres en esos momentos… buena pregunta.


Termino la presentación y un aplauso rompe la concentración. Respiro hondo, miro a las fotos y me doy cuenta que no he reflejado lo que son ni siquiera lo que pensaban, sino cómo los veo, lo que son para mi. Me he reflejado a mi mismo dejando transfigurar mi mente desde la Divina Presencia de aquellos que configuran lo mejor que puedo ver.


“I don’t know David, this is just the way I see them” respondo a David mientras me da la mano.


A m familia y a mi consejo asesor (Teresa, Ana, Maria José, Nuria, Jackie y Roge)


Con cariño y gratitud.


A.E.Y.


MM


Thursday, 14 January 2010

RAPSODIA EN GRIS (Años 2006-2010. Viaje hacia el Eterno Retorno en un día difícil)



Escribo frente al mar con el fuego encendido escuchando a Mr.Cohen cantar “there is a crack in everything, that’s how the light gets in…”


Las campanillas de los barcos de la marina hacen los coros y la brisa envalentonada quiere sacar a bailar a mi árbol que está tan entretenido bebiendo lluvia racheada en la barra de mi jardín. Todo un movimiento, toda una fiesta espontánea.

Me gusta que se organicen estas fiestas improvisadas en mi casa, porque en el fondo sé que es para animarme. Porque aquí hay días que no amanece. De hecho llevamos una semana sin amanecer, o más, he perdido la cuenta. Creo que una de las cosas que más hecho en falta desde que estoy en mis islas es la ausencia de luz. Algo que no aprecié nunca en “la tierra de mis padres” porque, cuando uno nace rodeado del sol mesetario, la costumbre destruye el deslumbramiento. Gracias a Dios que aquel sol se mudó a mi cerebro sin que yo me diera cuenta y apareció por sorpresa vestido de recuerdo para calentarme. Y también, por qué no, para burlarse de este continuo gris espeso. Porque las cosas se aprecian más desde la distancia y todos aquellos lujos a los que estamos acostumbrados en el día a día pasan inadvertidos hasta que resucitan como viejas leyendas una vez que la ausencia llama a sus puertas mendigando. Y es entonces cuando adquieren su mayor valor, cuando ya son nuestros, interpretados por la necesidad y por fin entendidos. Ya no es el sol, sino nuestro sol y volvemos a sentir su fuerza en el recuerdo, de una forma más viva que cuando lo “sufríamos” en directo. Si, entiendo ahora porqué la resurrección es más vida que la vida.

De alguna forma pasa lo mismo con la otra luz, la luz del cariño con que nos nacieron y nos guiaron en esta aventura loca. Aquel amor gratis donado por los únicos que te pueden amar en esta vida sin contraprestación. Esa es la fuerza que se incrusta en el ser para que, cuando uno camina en los territorios de lo gris, no esté nunca solo. Y esto es muy importante cuando se empiezan a pagar “por soledades” el peaje que impone vivir en el exilio. Las provisiones para cubrir las melancolías se hacen vitales. Igual que los guerreros vikingos eran enterrados con sus armas para defenderse en el más allá, yo me cubro de besos en mi tierra para cuando llegue al frío de las islas. Para que me protejan en el intervalo terrible que separa el encuentro con los labios de nuevas diosas que me llenen de ideas y sensualidad. Si, las dos cosas, porque corren tiempos difíciles y uno se desespera un poco cuando el discurso de labios hermosos contradice de manera alarmante unos ojos que suponen ser reflejo de almas con belleza diseñada para ver más allá. Pero no, me temo que en muchos casos nada tiene que ver la belleza del continente con el contenido. Y amar un continente hermoso para cubrirlo con energía propia termina siendo una traición a dos bandas. Cubrirse de otro no es bueno si no te puedes llenar de él.

¡Porque que complicado es sentir a oscuras! Y la luz cuando uno vive a oscuras hay que inventarla, o quizá adecuar la vista para verla donde aparentemente no está. O quizá sea lo mismo, porque posiblemente la invención no sea más que el descubrimiento de algo que siempre ha estado ahí pero se hace evidente por nuestro esfuerzo creativo y puro.

Creo que Mr Cohen tiene razón a pesar de todo. Siempre hay una grieta en todo y desde allí entra la luz. Porque quizá no se trata de intentar tener siempre el cerebro tan lleno de “nos”, con nuestros laberintos intelectuales parcheados de rigores “razonables” para crear el fantasma consolador de la “coherencia” cuando las goteras amenazan por hundir el edificio. Quizá hay que hacer huecos, grietas de luz en el castillo para que Dios se active y le dejemos un espacio en nuestra interpretación del mundo, pero a Su conveniencia. Le hacemos demasiadas habitaciones en nuestra mansión interna para en el fondo dejarlo atrapado y obediente y así sirva como coartada a nuestros argumentos en nuestros laberintos racionales. Pero Dios maneja las neuronas rebeldes y nunca se ajusta a nada, se escapa, contesta, incomoda, se rebela y desaparece. Y a nuestro orgullo le falta tiempo para señalarle la puerta de salida, el apartamento estanco del “no existe”, “no es relevante”, “no importa”. Si, la grieta de Dios sería un buen paso para destruir corazas herméticas y construir de nuevo desde arriba, desde el universo de la pureza.

La canción de Leonard se acaba y la lluvia no se da por enterada. Mi árbol sigue bebiendo y la brisa brava sigue insistiendo. No es cuestión de música, la fiesta puede seguir, debe seguir, aunque sea a oscuras.


Con los coros de las campanillas de los barcos y mi silencio lúcido.


Sunday, 3 January 2010

RECUERDOS DE INFANCIA Y JUEGOS




Me recuerdo golpeando alegremente un tambor ruidoso con mi sombrero “de vaquero” puesto y una gran sonrisa. Fue un poco antes de la operación de las anginas, cuando agonizando en la cama con muchos cuidados, un muñeco payaso velaba mi fiebre mientras me cantaba canciones de Fofó y Miliki.


También veo guantes de boxeo y “clicks de famóvil” por toda la casa. Tenía un “fuerte americano”, un ejército medieval y un barco de piratas. Con eso y ayudado por refuerzos de los geyperman de combate se organizaban las batallas más limpias, anacrónicas y desiguales que nunca se vieron en esta parte del Pisuerga. Los uniformes del ejército confederado se confundían con reyes medievales mientras los piratas asaltaban el fuerte o los vaqueros aparecían intrépidos en la proa mercenaria.

El transporte se hacía por Scalextric, vigilando las escobillas de los coches que siempre se desgastaban tan rápido. No pudimos cambiar de carril hasta que llegó la TCR y un camión lento lentísimo hacía una caravana tremenda en la subida hacia aquella endiablada curva. La pista looping era electrizante y acrobática, y si no la diseñabas bien, el coche aparecía estallado contra la pared. También estaba este circuito donde conducías un coche hacia una gasolinera y podías cambiar de marchas. Creo que aprendí a conducir en esas rutas.

Un día nos levantamos y comenzamos a jugar partidas eternas con el “super ding ball”, que era la típica máquina flipper y dio todo un espacio nuevo a mi cuarto. En aquella época convivió con un futbolín magnífico que funcionaba con imanes. Recuerdo teníamos seis controles en cada lateral y el portero. Aquellos partidos no se acababan nunca y perdíamos la cuenta del tanteo hasta simplemente recordar la diferencia de goles.

En los descansos volvíamos a los juegos de mesa y la casa se llenaba de amigos tirados en la moqueta mientras observaban atentos la magia entrañable del tablero y todo era estrategia y ruido hasta que mi madre llegaba con la merienda e interrumpía con una sonrisa las importantes operaciones financieras que se hacían en el “Monopoly”, comprando casas y hoteles; o el “Petropoly” con sus torres petrolíferas y pagando fortunas si caías en Qatar y una plataforma roja y ajena te esperaba allí mientras tus amigos con gesto de notario te indicaban con mal disimulado alborozo lo que tenías que pagar. Pero qué decir de la “Ruta del tesoro” cuando los dineros eran tremendos “doblones” y “reales” agujereados y si te descuidabas te enviaban a galeras!

En esos juegos, llegamos a veces al momento mágico en que por extrañas alianzas terminabas por no pagar a nadie mientras dabas vueltas por el tablero alegremente con la única preocupación de que no te mandaran a la cárcel. Creo que mis amigos y yo terminamos inventando el anarquismo en un juego tan capitalista.

El tablero más grande que he visto, de todas formas era el del “Asalto al banco de Inglaterra”, donde los ladrones salían de las guaridas y tenías que hacerte con la dinamita y unos sopletes para asaltar el banco. Los polis te perseguían y si te capturaban ibas a la trena y el poli a comisaría. “La fuga de Colditz” era lo mismo pero con Nazis y prisioneros.

Otras veces éramos detectives pensativos e inquisidores que con prepotente satisfacción descubrían que la señorita Amapola había matado a un tipo en el cuarto de estar con un candelabro.

La gran estrategia continuó con el “Estratego”, “Sinai”, y más tarde “La batalla del Ebro”. Pero qué decir del “Risk”, donde un mundo ambicioso y de colores esperaba para ser conquistado y recibías refuerzos al conquistar un continente y tener cartas de caballería. Tirábamos los dados con ambición de General, y era tal el entusiasmo que entendí ahí que el azar se deja seducir por la ilusión o la ambición.

El enigma de la Pirámide” era la aventura lírica que te hacía perder por laberintos y aparecer en la cima de una colina mientras te tiraban piedras por una catapulta ingeniosa. Después fuimos al “Saloon” para hacer ruido con el Banjo Poker

Pero la revolución llegó una noche de reyes cuando llegaron las maquinitas de comecocos y aquella azul y aparatosa en la que tenías que perseguir a un coche hasta arriba de la pantalla. Aquello fue la antesala del ZX Spectrum 48K, que supuso que mis amigos dejaron de tirarse en la moqueta para jugar y nos sentáramos en la mesa para que, con la revista “Micromanía” y un buen “poke de vidas infinitas” intentar liberar a las princesas atrapadas que aparecían encantadas tras la famosa contraseña Load “” Enter.

Jugamos tanto con ese cacharro que desde entonces no he vuelto a jugar con el ordenador. No se lo que es una play station…

Y podía seguir, créanme amigos, hasta completar mil páginas mientras me emociono escarbando en las ruinas de infancia, en el templo de mis cuartos con el recuerdo de mis amigos y mi madre trayendo los bocadillos. Era otra época, donde el concepto hiperactividad no estaba inventado, y las madres tenían besos para derrochar a cualquier hora.

Fue mi felicidad, mi tiempo mágico que me preparó para salir a las calles frías del porvenir y allí encontrarme con las palabras trascendentes y verticales que indicaban que la gente “seria” había hecho de la vida un juego diferente.

Pero para mí la vida reside en ese cuarto que espera para mis hijos, y algún día abriremos aquellas cajas polvorientas para cobrar vida en forma de risas, estrategias, cariño y unión.

Y entonces todo tendrá sentido.