Monday, 9 February 2009

13/01/2009 22:24:02 MATANZA ENTRE LA NIEVE

- “En la casa de LAndrea a las 10. No lleguéis tarde.”



El camino hacia La Parrilla se va blanqueando con un sol de invierno. Es un sol de nieve, un sol existencialista. De esos que salen en las películas de Bergman para iluminar suecos tristes ebrios de vodka y nihilismo. Pero esto no es Suecia. Esto es la Meseta y nosotros estamos contentos, jugamos con la nieve y nos disponemos a matar a un cerdo en casa de LAndrea.

La música de Mocedades mece el coche: “Aire-era-su-nombre-si-me-dijo-la-verdad” y el termómetro marca menos 5.



El teléfono móvil suena para advertirnos:



- “Cuidado por las placas de hielo al final de la cuesta y a la entrada del pueblo”



Sin embargo no hay tanto hielo como se anunciaba. La nieve cruje bajo nuestros pies y vemos a féminas Mesetarias salir de sus casas santiguándose. Se colocan las bufandas con cuidado y dilatan las pupilas mientras pasamos a su lado. El frío se intensifica, es un frío que corta digestiones, pero como no hemos desayunado estamos tranquilos.



- “Muy buenas.”



Repartimos besos a LAndrea y LaLuisaMari y pasamos a saludar a los maestros de ceremonia que gastan mono azul y sonrisa franca. El patio es amplio, la cochinera está al fondo y veo una silla pequeñita de madera para niños. La manguera se ha helado y hacen un pequeño fuego con pajas para intentar sacar el hielo en trozos.



Los inquilinos de la cochinera se levantan recelosos ante nuestra presencia y comienzan a agitarse nerviosos, con su mirada pequeña y rosa, asoman su hocico por la minúscula ranura y alzan su expresión.



Un cuarto hombre aparece por la puerta del corral. Viene casi vestido de astronauta pero en color fosforescente y sin casco. Trae tres cuchillos y tiene los dientes mellados. Nos saludamos.



Me coloco en posición y los maestros se dirigen a la pocilga. Los sonidos se incrementan y ElCharro recoge el gancho que había dejado en la mesa. El altar para el sacrificio está esperando ahora en el centro, madera desnuda, trono que añora energía en acción. El sonido se eleva hasta adoptar un tono trágico y todo se inunda con acordes del instinto y de la muerte, la melodía asimétrica de la supervivencia. La nieve, ignorante y coqueta, cae graciosa sobre el patio.





Los maestros del mono azul lo tienen por fin controlado, el animal lucha y casi escapa en evasión digna, pero termina atrapado y confuso entre una soga y brazos de hombre. Su mirada se oscurece quebrada hacia un horizonte último, obligado por el gancho.



La estocada es certera. El astronauta en un movimiento invisible para mi máquina fotográfica abre el manantial y la vida se explaya en rojo intenso, burbujeante y visceral sobre la cazuela que sostiene LaLuisaMari. Ese flujo de vida y rabia se revuelve diligente con la cuchara.



- “No hay que dejar que se coagule!”



El animal sigue luchando mientras sigue perdiendo sangre. El gancho le obliga a torcer el instinto en los últimos momentos de su biografía y todo es una confusión de pezuñas, manos, ganchos y clicks de cámara. La nieve se sigue posando inadvertida sobre un volcán de sangre y los gemidos de la muerte se confunden con los gritos del esfuerzo.



- “Hasta cuando hay que revolver la sangre?”

- “Hasta que el cerdo muera.”



Y expira la bestia entre la nieve. El gancho se relaja y el músculo se estira. Un cuerpo descansa eterno tras la batalla. Se hace un silencio breve, e intuimos pasar a un ángel raudo recoger un luto anónimo. Se rompe la pausa con gritos de entusiasmo cuando ElMiguel aparece sonriente con la botella del anís.



- “Chupito para todos!”



Nos repartimos vasos y se brinda.





Todo de un trago y vuelta a la tarea. Se retira el cuerpo del altar de madera y el suelo de patio castellano se cubre de pajas. Bien rebozado de naturaleza, el fuego brota redentor para cambiar el aroma. Es un incienso carnal, tostado y purísimo. El patio se convierte en hogar y hasta por un momento nos olvidamos de las temperaturas y de las manos rojas que han perdido sensibilidad con la cámara. El fuego avanza, rodea y barniza a la bestia con tostadez de invierno. Una vez consumido se da la vuelta y se comienza el proceso quedando un todo chamuscado entre la nieve.



- “Límpiale bien las orejas”



El agua se funde con la sangre y los maestros de ceremonias se afanan en la higiene. Nos explican que en algunos sitios se hace con tejas. Estos artistas trabajan con unos maderos que tienen insertados chapas de refresco. Igual da, pues la limpieza es impecable.



El sabio astronauta se convierte en cirujano y los canales se abren ante un sol que reaparece. Los ganchos conquistan el cuerpo del delito y en izado musculoso se erige el trofeo de la carne. Es ya el alimento que se gestionará como oro para los inviernos de la Meseta en llamas.



Todo ha quedado encuadrado en mi cámara y mi mano está congelada con un tono que empieza a ser amoratado. Nos vamos al salón y LaLuisaMari me ofrece un chocolate junto a la estufa de la cáscara de piñón.



- “Ten cuidado porque en unos minutos la estufa te echará de aquí.”



Y tiene razón. Me separo al poco tiempo antes de comenzar a arder. Ribera y torreznos. Chocolate y chupitos. Brindamos por la labor cumplida mientras el cerdo descansa colgado y abierto en un patio mesetario de nieve y pintura blanca.



Antes de irme hago los últimos planos generales del patio y observo que la silla pequeña de madera tiene unas gotas de sangre.

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Comentarios

Enviado a las 13/01/2009 23:14:31 por Alcides
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El ceremonial de la matanza, para garantizar el sustento. Lo comentamos, curiosamente, degustando deliciosa cecina y excelente pulpo.

Supongo que habrás elegido el blanco y negro de las imágenes por algún motivo relevante; me gusta. Da mayor contraste al calor y al frío, al fuego y a la nieve, y mitiga el trance, que quiérase o no, pese a lo tradicional, es duro, realista (cinematográficamente hablando).

Ribera y torreznos, chocolate y chupitos; aire puro y feliz compaña. Buen día pasaste, querido amigo. También nosotros.

Un abrazo

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Enviado a las 13/01/2009 23:30:19 por ttesk
Magistral relato, mesetario. Describes a la perfección la tragedia y la grandeza de la vida y la muerte encarnadas en el hombre y el animal, siempre en simbiosis, siempre en pugna.
Un fuerte abrazo.

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Enviado a las 13/01/2009 23:45:46 por mami_ta
Hermosas palabras para describir la ceremonia.
Si no fuera por la belleza con que nos relatas las escenas, ésta que lo es no hubiera terminado de leer, pues se me han agolpado los recuerdos de la única matanza a la que he asistido y, de verdad, no puedo volver a vivir la sensación de pena y dolor que me invadieron a contemplar la lucha del animal por su vida, sus gritos agudos, el miedo en sus ojos y los espasmos de la muerte.

Ello no me impide saborear los productos que manos sabias elaboran con su carne, pero prefiero no acordarme de cómo se mata al pobre bicho. Hay que ver cómo soy ¿verdad?.

Me gustan las fotos en blanco y negro. La última la del fuego, deja entrever el frío que la rodea. ¿o será que proyecto en ella la impresión del frío que describes? Seguramente.
Besos

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Enviado a las 14/01/2009 08:01:25 por Caminant
Url: http://blogs.libertaddigital.com/Caminant/
Lucha por la vida,en el doble sentido: el que lucha por sobrevivir y el que vive porque lucha y sobrevive(y no es un trabalenguas sino un pensamiento,quizá algo hilvanado pero real).
Describes perfectamente el rito de una forma de vida que invita a la reunión,al trabajo,a pasar una buena jornada.
Espero que luego los chorizos sean satisfactorios. Un abrazo,Mc.

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Enviado a las 14/01/2009 09:14:56 por Caminant
Url: http://blogs.libertaddigital.com/Caminant/
Querido Mc:
Me he encontrado en esta vida más gente buena que mala.Eso es para mí un regalo. Isidoro es el hermano que no he tenido porque me lo ha demostrado fehacientemente con su cariño,tanto hacia mí como a mi familia.
Cuida ese gran cuerpo,que el alma la cuida Dios.
Un abrazo.

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Enviado a las 14/01/2009 11:19:23 por emiddcc
Url: blog/emiddcc
Hola Mc: Nos has refeljado mediante tu escrito el detallado sacrificio. Tu relato no deja duda al respecto.Te diré que tan solo una vez, presencié un acto asi.La verdad es que obra en mi recuerdo de forma muy vaga,ya que ésto ocurrió cuando contaba con cinco años de edad.Por aquel entonces residia en Andalucia.Cada año mantenian esa tradición.La verdad, es que no resulta nada agradable de contemplarla.-al menos ese es mi criterio-, pero por otro lado entiendo y comprendo, que anualmente, se le de cumplimiento a las tradiciones que al propio tiempo sirve para llenar la despensa...Un abrazo.

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Enviado a las 14/01/2009 12:15:02 por breviari
...conmovedor relato de un hecho cotidiano, que ud. resalta,describe y narra con magistral y exquisita sencilles, atenuando la crudeza de la muerte,.. haciendo de èsta una aportaciòn a la vida....en un marco costumbrista familiar, tan intimo a nuestra cultura...felicitaciones....

un muy cordial saludo...

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Enviado a las 14/01/2009 18:32:56 por Alma
Hola, Almirante!
Así que de matanza, ¿eh? Me ha recordado mucho a la del pueblo de mis padres, en Córdoba, que también es mi pueblo, aunque yo naciera en Madrid. Me ha gustado tu descripción, es muy gráfica: en seguida te imaginas que estás ahí, viendo cómo matan al cerdo. Un cuadro (o una foto, como quieras) magníficamente bien dibujado. Además, las fotos en blanco y negro acompañan muy bien el texto, y le ponen la guinda al texto.
Muy bueno, McMurphy.
¡Y encima comeríais de cine! Qué lujo...
Un fuerte abrazo

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Enviado a las 14/01/2009 20:39:23 por procura
Viví alguna en mi niñez, cuando mis abuelos vivían en un cortijo, en el campo. Todo el trajín, vidilla y jaleo era llamativo, y no digo nada el posterior festín matizado con la curiosidad infantil de ver cómo hacían las morcillas, los chorizos y demás.
Me ha traído gratos recuerdos de antaño.
Un fuerte abrazo querido amigo

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Enviado a las 15/01/2009 23:44:25 por Cualquie
Hola, Mac. Cuando no puedas ver los posts pincha con el botón derecho, se abre una lista y pinhcas con el botón normal en copiar ruta de enlace (eso con el Firefox, si es con el Explorer pinchas en propiedades y ahí puedes copiar la Url). Luego la pegas en la barra.
Buen relatod de matanza, yo recuerdo una vez que mataron un cochinillo en la cocina de mi piso de madrid, en nochevieja, primero estuvimos jugando mis hermanos y yo con él, y después nos dío pena. Teníamos la película en 8 milímetros.
Un abrazo fuerte.

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Enviado a las 16/01/2009 09:35:49 por emiddcc
Url: blog
Buenos dias amigo Mc: Siempre resulta agradable el poder contemplar unas manos que tengan presencia de palomas blancas pero sin plumaje, al igual que poder compartir almas que tengan la calidez y la sensibilidad de las pequeñas mariposas...un saludo. Emilio

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Enviado a las 16/01/2009 13:32:36 por Caminant
Url: http://blogs.libertaddigital.com/Caminant/
Para no acabar como el cerdo de tu relato nos toca estar alerta. Y como hablamos de cine,las escenas de las almenas ardientes con las piras del Señor de los Anillos,comunicandose las unas a las otras la ayuda a Gondor,es la imagen que quiero dejar.
Un arca de hombres libres...¡hermoso!.

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