Monday, 9 February 2009

18/01/2008 10:39:55 AMARCORD II

… Es un Enero de recuerdos, es un viernes de lluvia, la calefacción está a tope y la biografía en punto muerto…

Como veo que estos retazos de experiencias en épocas pasadas les gustan a mis amigos, aquí mando otro recuerdo de mi Roma.



Tengan un buen finde.





Mundial 94



El Tuscolano era un barrio muy romano, de casas antiguas con vocación de neorealimo de colores vivos. Si la vida fuera en blanco y negro, todos hubiéramos sido De Sica y todas Sofia Loren, pero con colorines todos quedábamos más cercanos y menos míticos. En mi barrio se hablaba a gritos con las manos y se reía con energía. Olía a pesto, a amareto, a fruta fresca, a perfume de muchacha en flor y descarada. Se hablaba de un edificio a otro y se oían los coros melancólicos del canto de las mujeres cuando colgaban la ropa en las fachadas cubriendo la ciudad de barroco doméstico y carnal en una danza de sábanas y lencerías agitadas por el viento.



En el 94 se jugó el mundial de fútbol y las enaguas que colgaban alegres por las casas se cambiaron por banderas tricolores. Las casas se hermanaron con guirnaldas y cuando jugaba la Nazionale se hacía un silencio tremendo en las calles solo interrumpido por la erupción del grito violento al marcar un gol. En esos casos salían tíos con camiseta por la ventana aullando gloria y ponían la marcha triunfal de Aida a todo volumen. Yo vivía en el primer piso y coloqué la bandera española en la ventana. Me conocían como “Lo Spagnoletto” y como les caía bien no me quitaron la bandera. Por eso y porque Italia ganó a España en aquel partido en que Tassotti rompió la nariz a Luis Enrique, claro. Yo estaba en casa con mi madre ese día y lo vimos en una televisión pequeña que teníamos en el salón dormitorio. Luego salimos a cenar y un grupo de tiffossi cantaba en el autobús “La Spagna va fan culo, oe oe!!”.



Unas semanas antes nos habían invitado a la RAI para ver el partido Alemania - España. En el estudio había unas bailadoras de sevillanas que habían traído de una escuela de Nápoles y la presentadora era Valeria Marini, cuando todavía no había trabajado con Bigas Luna y conservaba un halo un tanto “virginal”, si podemos llamarlo así.

Valeria era una sonrisa de ojos grandes que brotaba entre una curva imposible y vertiginosa, un tobogán que provocaba mareos líricos cuando uno trataba de intentar comprender aquel fenómeno de un vistazo. La televisión gigante estaba a la izquierda de nuestra tribuna y la dulce Valeria se sentó enfrente nuestro para ver el partido.

Uno trataba de concentrarse en el deporte, en el crucial partido para España, en el 4-4-2… pero Valeria parecía tener un problema con su vestido y se movía inquieta. Llamó a la asistente y allí estaban las dos intentando domar el escote para que todo quedase en orden. Sin embargo parecía que el rebelde vestido no daba más de si y la pobre Valeria se disgustaba. Nosotros en la tribuna estábamos también preocupados, preocupadísimos, y de buen gusto nos hubiéramos ofrecido a ayudar, of course. Entre tanto creo que España marcaba algún gol, o se lo anularon, no se… tengo imágenes confusas, no lo dimos mucha importancia y creo que muchos ni lo advirtieron.



Terminó el partido, la Marini nos dijo adiós coquetona y confusa ante nuestra turbación y salimos de la RAI preguntándonos como había quedado el fútbol.



Decidí ir andando a casa, lo que es un paseo de una hora o así para disfrutar la vista nocturna. Roma de noche era un pasillo imperial con avenidas pobladas por prostitutas y gatos errantes iluminados por sombras de monumentos opulentos.

Muchos coches caros se paraban a hablar con le signorine y alquilar sus servicios y cuando alguna se acercaba a mi yo aceleraba el paso.



Nunca había visto una prostituta de cerca en España y en aquel momento me vino el recuerdo de los ojos verdes de una signorina que estaba siempre en una esquina cerca de Santa Maria Maggiore. Esa mirada me chocó por toda la carga de intensidad, tristeza, suciedad y comercio que englobaba. Era la mirada del reverso de los sueños, del otro lado, la mirada asesinada, depredadora y capada de inocencia. Me quedé triste y siempre pensé que para visitar los jardines del lenocinio uno tenía que estar ya o muy desencantado o muy embrutecido.



Seguí mi camino y según me acercaba a Re di Roma había menos meretrices y más gatos. Ya saben -y si no lo saben se lo digo ahora- que los gatos de Roma no son más que espíritus de emperadores del imperio que andan errantes buscando su gloria perdida.



Yo paseaba con mi boina de antaño entre ellos, como un dandy precoz recreándome en el mundo, intentando disfrazarme de mi mismo para por fin reconocerme. Pisaba fuerte el empedrado oyendo con placer y rabia el sonido de mis suelas en el pavimento, me escuchaba los pensamientos y mi tos de fumador mientras me sentía amanecer en la ciudad eterna.



Llegue a casa rodeado de gatos, les dije buona notte en el portal y nos dispersamos todos a dormir a nuestras guaridas.



Nunca me habían gustaron los gatos antes, pero en Roma comencé a entenderlos.





Comentarios



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Comentarios

Enviado a las 18/01/2008 17:39:16 por ttesk
Las callejuelas de los barrios italianos tienen una algo especial, me recuerdan mucho a las españolas. De hecho, creo que somos más parecidos a ellos que a nuestros vecinos portugueses, salvo en los gestos que hacen con las manos; nosotros somos más comedidos en ese aspecto.
Abrazos. Gran artículo.

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Enviado a las 18/01/2008 21:03:21 por emiddcc
Url: blogs.libertaddigital.com/emiddcc/
Buenas tardes McMurphy; Un saludo, En efecto hace tiempo que llegaron a mi comentarios por parte de varias personas que han estado en Roma de que existen una cantidad ingente de gatos. Me decian que cerca del Coliseum, las calles adyacentes, estan plagadas de ellos. Cosas curiosas de la vida¿No crees? Ya podrian tomar medidas para evitar la procreación. Parece ser que esa situacion forma parte del atractivo de la ciudad y de sus visitantes. ...Un saludo

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Enviado a las 19/01/2008 01:49:30 por Roge
Estimado McMurphy,

relajante y suave relato y más a estas horas de la noche que hasta los gatos y las coscolinas de Roma están durmiendo.

Tan sólo saludarte. Por cierto, un maratoniano como tú ¿y fumando?.

Un abrazo,

Roge

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Enviado a las 22/01/2008 12:32:39 por Cualquie
Hola, Mac. Entro a leerte sólo a ti sin que nadie me vea, que me voy a la compra y no quiero que piensen que soy un grosero y no saludo (después habrá tiempo).
Sigue produciéndome lo mismo tu relato; de día o de noche. Nostalgia de lo no vivido; o quizá vivido pero en otros lugares.
Ésos deben de ser los gatos de Benedicto XVI, supongo, los que le miran cuando va por las calles de la capital italiana -o iba, porque ahora ya no podrá salir a pasear como uno más- los que atienden a su llamada como recocnociéndole; espíritus de emperadores y conocedores del futuro; sabían que ese cardenal tenía un destino en la historia al igual que ellos lo tuvieron en la Roma de ls césares.
Me acuerdo mucho de esas musas italianas del mundial. Cuando Tele 5 empezó, una de las primeras series que emitió fue la de la romana, que creo que es una actriz que citas pero no estoy seguro. En el tráiler o avance de la seria salía desnuda posando para un pintor; qué barbaridad, qué cuerpo; ¿te acuerdas? Sin embargo, el Mundial que más recuerdo no ése, sino el de México, cuando butragueño. El caso es cuando ganó Italia a Alemania, con aquel Paolo Rosi -o Rossi, no sé- ocurrió lo que dices, que los italianos nos empezaron a tomar cariño porque España se puso al lado de Italia en la final. Aquella imgen del Rey felicitando al presidente itliano en el Bernabeu, no me sale el nombre ahora, caramba, bueno, el presidente saltaba tanto que llamó mucho la atención.
El pasado está lleno de recuerdos; en el futuro tiene que servir para algo más que recordarlo, porque eso es redundante, el pasado no puede morir, no muere, si lo hiciera no existiría, y si no exisitiese no estaría en ninguna parte, ni en nuestra memeoria, ni en las fotos, ni en los vídeos... no tendríamos ninguna noticia de él ni en él pensaríamos; como pasa con todo lo que no existe.
Un abrazo, almirante.

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