Sunday, 22 March 2009

IBIZA: De seniors y pródigos







PREAMBULO
La economía española hace aguas. Para reanimar la actividad y devolver la alegría a los sectores vitales de nuestra economía se pide a las generaciones históricas que pululen por la patria en jovial diversión hasta que lleguen los hooligans veraniegos y salvajes.
Los antes denominados “viejos de la tribu”, descendidos a “tercera edad” por los tecnócratas cursis y finalmente y coronados como los “Seniors” por los modernos anglos se arrojan a la Patria para disfrutarla. A este singular grupo se le une algún hijo pródigo exiliado que, por amor a la tierra y a los padres, abandona su isla para pasar unos días con los suyos.
- Nos vemos en Ibiza, pues. Besos. See you there.

DE ISLA A ISLA
El avión es pequeño para lo que solemos acostumbrar. Una mujer guapísima está a mi lado leyendo un artículo sobre “birding”. En el aeropuerto he visto apenas unos minutos antes a un sujeto con una cámara y un micrófono. Tiene gafas de sol excesivas, pelo despeinado, los calzoncillos por fuera y pinta de no haber trabajado mucho en su vida. Habla con una chica con acento gangoso y le pregunta si conoce a alguien en la isla, que si no lo él la invita a una party-superguay que organiza Pepe “el de Guatemala” o algo así. La chavala sonríe y dice que ya lo mirará.
El viaje es corto, apenas hemos despegado y ya vemos una isla al horizonte: muy verde con casas blancas y aire de hogar. Unos pájaros se confunden con un grupo de personas de gesto anémico que levitan en postura Om. Son los yoghis que con túnicas y flores se elevan en misticismo laico sobre un sol que se está siempre poniendo. El avión esquiva hábil a los dos grupos y aterriza en el amplio aeropuerto.
Bienvenido a Ibiza (que aquí se llama Eivissa)!

LOS SENIORS
El comedor está repleto. Han llegado antes que yo y los acentos de las diferentes taifas del Estado Ibérico se mezclan. Hay una diferencia mínima de 30 años, toda una generación entre mis nuevos amigos y yo. Ceno y como con la Historia viva de la tierra. Esto es lo que Mr. Gasset llamaría el “anacronismo esencial de la historia” compartiendo buffet y vino tinto.
Me miran con curiosidad y pregunto a una camarera andaluza y guasona lo que tengo que hacer:
- Pues coja un plato, ahí tiene el pan y todo buffet libre, caballero. Que aproveche!
Por la noche hay fiesta en el hotel. Hoy viene Juan Carlos con-su-acordeón. La bomba. (no confundir con el Representante de la casa de Borbón, ese está en otra isla cercana). Comienza suave con “Amapola” y ya una pareja se hace con la pista. Continúa con pasodobles y aquello se llena de parejas compenetradas que bailan observando el panorama y dándose codazos para que miren al objetivo del chisme puntual; otros bailan para lucirse y hay unas mujeres que bailan solas. Como en un pueblo. De los pasodobles se pasa a la salsa y las caderas desafían a las operaciones. Una pareja de féminas se sueltan y se convierten en dos fatales, florecillas de un otoño caliente que se colocan audaces la melena de peluquería, lucen hombros, dan una vuelta sobre si mismas para dejarse ver y deslizar la mirada en esa intersección fabulosa donde se terminan citando las pasiones. La femme fatale y su danza es inmortal y eterna. Dilato las pupilas. Me gustaría ir a la pista y mencionar a lo Mihura como un galán trasnochado de neorralismo en blanco y negro: “Usted tiene ojos de mujer fatal, me concede este baile, please”.
Pero no lo hago, termino mi whisky y planifico con mis padres para mañana. La pista arde y Juan Carlos, ya crecido en salsas controla la presión arterial de los seniors con sus acordes. De vez en cuando anima con voz aterciopelada diciendo:
- Venga, chicosssss, la noche essssss jovennnnnnnnnnn!

SANTA INES
Ibiza es una isla cuarteada en nombres de Santos. Si la superficie es fascinante con sus playas pobladas por seniors y hippies, paseos, costas e iglesias de arco blanco, sus entrañas no son de menor calidad. Santa Inés -que aquí se llama Agnes- está apenas a dos kilómetros de mi campamento base. Voy con mi cámara hasta la gruta. La temperatura cambia, la paz comienza, la piedra es mayestática y un Cristo blanco escolta a la Santa al final de la cueva. Rezo, fotografío sin flash y pido por los míos. En la superficie el sol comienza a quemar, las palmeras sonríen y los ángulos del mundo se descubren ante mi cámara. Acomodo mi visión recién salida de la profundidad y creo que el mundo aparece mas blanco.

DALT VILLA
El ángulo me lo da la sábana y el romano sin cabeza. Con movimientos de muñeca me hago con todas las perspectivas y me acuerdo de otras ciudades y compañías. La Villa es un laberinto en la ciudad, posee una catedral que honra a los caídos por la Fe y que se deja rodear por la bohemia blanca de verticalidad entre calles estrechas. Todas las fotos son en picado y se hacen solas. Tomamos un café en un sitio fabuloso, con solera y cortinas de terciopelo. El dueño es de Leon y comentamos que el bar es precioso y parece un teatro.
“lo es, indeed” nos dice con media sonrisa. “Quieren verlo?”
Abre la puerta mágica y el café se diluye en un espacio inmenso que acoge un teatro abandonado. El escenario al fondo y caos de herramientas y polvo por el camino. Las fotos necesitan flash y me dan ganas de subir a la escena y sentarme en una caja de cartón para mirar al infinito diciendo emocionado: “cuan gritan esos malditos, pero mal rayo me parta…”

RAFA’S BAR
Rafa parece español y su mujer irlandesa. Sin embargo los dos son marroquíes. Se enciende la chimenea por las noches y apuramos pintas en agradable plática bajo la atenta mirada de “Musta”, un hombre desgarbado y atento. Un niño hace los deberes en una mesa al fondo del bar, saluda a los clientes ingleses y juega al ajedrez con un alemán. El chaval despacha a la demanda como un ministro. Un tío simpático y educado al que se ve listo. “Es muy inteligente” nos dice la madre mirando con orgullo.

GRACIAS SAN ANTONIO
Se acaba la excursión y veo que he perdido el móvil. Uno de los internacionales. Estoy ya en casa y no tengo ni idea de donde puedo haberlo abandonado. Ni siquiera creo que lo haya llevado de vacaciones. Rezo a San Antonio, pero nada. Qué le vamos a hacer. Por intuición llamo al hotel, sin esperanza. Me dice una chica argentina que está allí y que lo mandan. Sonrío, claro.
Donde podía estar, si no?: en Sant Antoni, of course.



2 comments:

Ariovisto said...

Hi, Mc. Nice to re-meet you
after so long. You have given me great joy. Of course keep in touch. You know where to find me. Thanks for your visit, Mc. At your disposal. You know you have a course of mint flavor in this cozy little corner where I write, surrounded by lovely people.
See you soon and thanks

buggy said...

Hola Mc,
parece que tu pequeña excursión a la isla te ha sentado bien, indeed.

¿Todo bien? Espero que sí, almirante.

Un abrazo