Thursday, 29 October 2009

RESURRECCIONISTAS – MES DE DIFUNTOS

“El día de tu muerte sucederá que lo que tú posees en este mundo pasará a manos de otra persona. Pero lo que tú eres será tuyo por siempre”


Henry Van Dykev



 A la entrada del cementerio de Glasnevin, en uno de los muros formidables que custodian el simbólico lugar donde están enterrados los revolucionarios irlandeses, se puede leer una placa dedicada a los vigilantes nocturnos que protegían el Santo Lugar de criminales especializados en robar los cuerpos para posterior venta a estudiantes de anatomía.


A dichos sujetos se les califica en el letrero como ‘Resurrectionists’.


Me llamó la atención la palabra: entrecomillada con la erre mayúscula e intuida ya con la ironía que gastan los isleños. No me costaba imaginar la imagen expresionista en frío y sombras de película sepia con dichos profesionales de la ‘resurrección’ que, tras apurar unas pintas en el “Sean Kavanaghs” -también llamado Gravediggers entre los que lo solemos frecuentar- saltarían las tapias del lugar sagrado y entre el fango y un silencio roto a paladas y toses bronquíticas se ocuparían diestramente de violar la tierra para extirpar su semilla todavía caliente de una carne almada o alma encarnada sin mas audaz propósito que recibir unas monedas para licores mientras los últimos clientes del proceso esperarían en sus casas con manos limpias recibir el fruto.


Los resurreccionistas se irían con la labor cumplida en el medio de la noche dejando la tierra con cicatrices de cesárea inversa, malhiriendo la historia en un sacrilegio cotidiano sin adornos modernistas. Se irían como cumpliendo un trabajo, una función, una tarea sin mas preocupación en la conciencia que alguna eventual superstición.


Me perdía en estas divagaciones mientras hacía fotografías tratando de entender entre el contraluz el perfil dramático de la belleza helada de ángeles verticales, de la fiereza segura de los san jorges, del dolor fémina de las piedades, del sufrimiento sereno de los cristos anglos y de las lapidas ya mas modernas con formas de corazón y frases tiernas y sentidas.


Y pensaba entre plegarias y zooms envuelto entre la sinfonía mística de astros quietos, que todo lo que estaba viendo mi cámara, intentando reflejar entre requiebros de luz no era mas que un jardín de piedra brotado del dolor, de la lágrima y del misterio en rito. Que la semilla ardiente de la vida hecha se destilaba ante mí en un campo efervescente de cruces celtas y arte erecto hacia un cielo difícil color esperanza.


Me invadió el tremendo respeto a la muerte, la revelación de nuestra vocación última de memoria y tierra en el cuidado y delicadeza de esta antesala a la Vida.


Salí del cementerio con el alma en paz y cien fotos en mi cámara. Al girar por el panteón principal y saludar a la vendedora de ramos no pude evitar dar las gracias a todos los vigilantes nocturnos (y diurnos) que, en diferentes puestos, siguen velando para impedir que los ‘resurreccionistas’ que no creen en Resurrección ninguna se dediquen a seguir haciendo de la Historia negocio y de la Muerte, mofa.

6 comments:

buggy said...

Hola Mc,
éste sí que recuerdo que lo leí en su momento y al releerlo me ha gustado tanto como la primera vez. Ya quisiera yo no solo escribir así, sino pensar así. Porque simplemente mi cabeza crea tanta hermosura.
Un abrazo

buggy said...

Quería decir "Porque simplemente mi cabeza no crea tanta hermosura."

ariovisto said...

Hi, Mc.

Nice thought, nice sentence in the beginning.

Abrazos resurrectos.

Emperor said...

Maravilloso relato. Existen también en nuestros tiempos otros resurreccionistas, pero éstos no se llevan los cuerpos sino las mentes de los incautos que creen en sus promesas.
Afortunadamente también hay vigilantes que luchan denodadamente para impedir la labor de los primeros. Son los últimos románticos que desde la Red aporrean sus teclados lanzando sus advertencias al ciberespacio.
Dios quiera que tengan éxito.
Un abrazo.

FRAN said...

Hi, dear Almiral,
hey, Almirante:

Decía Chesterton que los hombres viven en la Edad de Oro cuando empiezan a olvidarse un poco de acumular oro (para sí mismos, claro). Con los resurreccionistas debe pasar algo así: empiezan a acordarse de Santa Bárbara cuando se acerca la muerte... y les reconcome el pasado. Aunque no esté comprobado, la resurrección existe, y desde las resurrecciones de vudú africano -te convierten en zombi, ya sabes, muerto viviente- a Lázaro, el amigo de Jesús, y otros 'casos inexplicables' para el moderno mundo técnico-científico, ahí estamos. Todos, creamos o no en la Resurrecció, nos veremos allá en la otra orilla, mirando al sol, rodeados de flores, simbelmines o no, narcisos o no, margaritas o no, bocarriba, cara a cara... Ya lo dice la canción de Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú:

We'll meet again,
don't know where,
don't know when,
but i know
we'll meet again,
some sunny day...


PS: Por Sierto, su blog ha recibido el Premio Chestertoniano del año 2009. Pásase a recogerlo, si gusta.

Con todo afecto, un abrazo fuerte, desde el gélido Madrid novembrino, hacia la Isla Verde, Eire, Eire Land inmortal

FRAN said...

Y más 'Por Siertos':

Me ha encantado esta última entrada. Yo no la había leído antes, pero creo que ha resucitado en mí la Fe en la Resurrección, en Los Santos Difuntos, en la Comunión y... casi hasta en la comunicación.

Abrazos resurrectos, de un insurrecto