Sunday, 3 January 2010

RECUERDOS DE INFANCIA Y JUEGOS




Me recuerdo golpeando alegremente un tambor ruidoso con mi sombrero “de vaquero” puesto y una gran sonrisa. Fue un poco antes de la operación de las anginas, cuando agonizando en la cama con muchos cuidados, un muñeco payaso velaba mi fiebre mientras me cantaba canciones de Fofó y Miliki.


También veo guantes de boxeo y “clicks de famóvil” por toda la casa. Tenía un “fuerte americano”, un ejército medieval y un barco de piratas. Con eso y ayudado por refuerzos de los geyperman de combate se organizaban las batallas más limpias, anacrónicas y desiguales que nunca se vieron en esta parte del Pisuerga. Los uniformes del ejército confederado se confundían con reyes medievales mientras los piratas asaltaban el fuerte o los vaqueros aparecían intrépidos en la proa mercenaria.

El transporte se hacía por Scalextric, vigilando las escobillas de los coches que siempre se desgastaban tan rápido. No pudimos cambiar de carril hasta que llegó la TCR y un camión lento lentísimo hacía una caravana tremenda en la subida hacia aquella endiablada curva. La pista looping era electrizante y acrobática, y si no la diseñabas bien, el coche aparecía estallado contra la pared. También estaba este circuito donde conducías un coche hacia una gasolinera y podías cambiar de marchas. Creo que aprendí a conducir en esas rutas.

Un día nos levantamos y comenzamos a jugar partidas eternas con el “super ding ball”, que era la típica máquina flipper y dio todo un espacio nuevo a mi cuarto. En aquella época convivió con un futbolín magnífico que funcionaba con imanes. Recuerdo teníamos seis controles en cada lateral y el portero. Aquellos partidos no se acababan nunca y perdíamos la cuenta del tanteo hasta simplemente recordar la diferencia de goles.

En los descansos volvíamos a los juegos de mesa y la casa se llenaba de amigos tirados en la moqueta mientras observaban atentos la magia entrañable del tablero y todo era estrategia y ruido hasta que mi madre llegaba con la merienda e interrumpía con una sonrisa las importantes operaciones financieras que se hacían en el “Monopoly”, comprando casas y hoteles; o el “Petropoly” con sus torres petrolíferas y pagando fortunas si caías en Qatar y una plataforma roja y ajena te esperaba allí mientras tus amigos con gesto de notario te indicaban con mal disimulado alborozo lo que tenías que pagar. Pero qué decir de la “Ruta del tesoro” cuando los dineros eran tremendos “doblones” y “reales” agujereados y si te descuidabas te enviaban a galeras!

En esos juegos, llegamos a veces al momento mágico en que por extrañas alianzas terminabas por no pagar a nadie mientras dabas vueltas por el tablero alegremente con la única preocupación de que no te mandaran a la cárcel. Creo que mis amigos y yo terminamos inventando el anarquismo en un juego tan capitalista.

El tablero más grande que he visto, de todas formas era el del “Asalto al banco de Inglaterra”, donde los ladrones salían de las guaridas y tenías que hacerte con la dinamita y unos sopletes para asaltar el banco. Los polis te perseguían y si te capturaban ibas a la trena y el poli a comisaría. “La fuga de Colditz” era lo mismo pero con Nazis y prisioneros.

Otras veces éramos detectives pensativos e inquisidores que con prepotente satisfacción descubrían que la señorita Amapola había matado a un tipo en el cuarto de estar con un candelabro.

La gran estrategia continuó con el “Estratego”, “Sinai”, y más tarde “La batalla del Ebro”. Pero qué decir del “Risk”, donde un mundo ambicioso y de colores esperaba para ser conquistado y recibías refuerzos al conquistar un continente y tener cartas de caballería. Tirábamos los dados con ambición de General, y era tal el entusiasmo que entendí ahí que el azar se deja seducir por la ilusión o la ambición.

El enigma de la Pirámide” era la aventura lírica que te hacía perder por laberintos y aparecer en la cima de una colina mientras te tiraban piedras por una catapulta ingeniosa. Después fuimos al “Saloon” para hacer ruido con el Banjo Poker

Pero la revolución llegó una noche de reyes cuando llegaron las maquinitas de comecocos y aquella azul y aparatosa en la que tenías que perseguir a un coche hasta arriba de la pantalla. Aquello fue la antesala del ZX Spectrum 48K, que supuso que mis amigos dejaron de tirarse en la moqueta para jugar y nos sentáramos en la mesa para que, con la revista “Micromanía” y un buen “poke de vidas infinitas” intentar liberar a las princesas atrapadas que aparecían encantadas tras la famosa contraseña Load “” Enter.

Jugamos tanto con ese cacharro que desde entonces no he vuelto a jugar con el ordenador. No se lo que es una play station…

Y podía seguir, créanme amigos, hasta completar mil páginas mientras me emociono escarbando en las ruinas de infancia, en el templo de mis cuartos con el recuerdo de mis amigos y mi madre trayendo los bocadillos. Era otra época, donde el concepto hiperactividad no estaba inventado, y las madres tenían besos para derrochar a cualquier hora.

Fue mi felicidad, mi tiempo mágico que me preparó para salir a las calles frías del porvenir y allí encontrarme con las palabras trascendentes y verticales que indicaban que la gente “seria” había hecho de la vida un juego diferente.

Pero para mí la vida reside en ese cuarto que espera para mis hijos, y algún día abriremos aquellas cajas polvorientas para cobrar vida en forma de risas, estrategias, cariño y unión.

Y entonces todo tendrá sentido.

7 comments:

FRAN said...

Querido Almirante, amigo Mac:

Tan MACnífico como siempre.

¡...Cómo te hecho de menos allá al otro lado del Pecos! Acá se respira armonía, juegos y alegres caminos que nos llevan a Belén, o desde Belén... al fin del mundo.

A mí me gusta andar también, pero tampoco sigo el camino, aunque puedes dar por seguro que tu camino y el mío es casi casi el mismo.

Aún permanece en mi memoria -tras la reunión de Valladolid- tu franca, tu sincera y amable, generosa sonrisa de oreja a oreja, esa alegría mesetaria, española, irlandesa que contagias al más pintado.

Nunca la pierdas. Que nadie te quite eso, por mucho que la vida te zurre.

A mí me ha zurrado de lo lindo el año pasado, bien lo sabes. Al final, los blogs son lo de menos, minucias, escaramuzas verbales, chorradas y manías... propias y ajenas, eh.

Lo peor es que mi Solete lo ha pasado mal, que hemos sufrido mucho, que hemos vivido muy angustiados por ciertos temas familiares y, de remate, ella ha pasado por el hospital, y yo por mis acostumbradas y woodyallenescas visitas a los Psiconosequé.

¿Cómo no ponerme de nick "Alma", si mis heridas nacen y subyacen en lo más profundo de mi 'psijé'?

Disculpa el desahogo. Aún queda un último quehacer, con tu permiso y tu santa y cristiana paciencia:

Saludo muy cordialmente, desde esta frontera suizo-irlandesa (es decir, neutral, neutralísima y maravillosa), a los viejos y queridos colegas de blog -ellos ya se darán por aludidos y por saludados.

No dudes de que a algunos desearía visitarles, pero ellos no desean mi visita; a otros, sin embargo y por recientes 'emborronamientos', ni quiero ni me apetece verles o visitarles a sus chiringüitos virtuales...

Disculpa que use tu espacio para decir esto. Es un abuso por mi parte, pero me parece que es el único sitio donde puedo hacerlo.

Si te parece, dejas el comentario; si no, bórralo y quédate principalmente... CON UN GRAN BESOD E SOL y un ABRAZO MUY MUY FUERTE de mi parte.

Te debo muchas cosas: un par de cervezas, que siempre tomo a tu salud; una comida, en Madrid o en Valladolid, o... ¿en Irlanda? Y sobre todo, te debo un afecto y una gratitud igual de grandes que tu amistad y tu amor por los juegos... ¡Y VIVA PACO UMBRAL!

Tu amigo en la Fe; tu amigo en CRISTO, AYER, HOY y SIEMPRE.

Fran-Alma

FRAN said...

Buffff... Te echo de menos, echo, echo, echo... Que luego vienen los 'profes' a regañarme... ¿vaya planchazo!

Impertérrito said...

Hola Almirante.

Gracias por tu comentario. Realmente desde que puse el post he estado fuera, y ahora he visto los comentarios.

¡Que recuerdos nos cuentas! Claro, los mios son mas antiguos, por razones de edad, evidentemente. Pero tienen un punto de coincidencia, esas veladas interminables con los amigos, jugando a lo que fuera, los bocadillos, y sobre todo, las sonrisas, besos y amor de nuestras madres. En eso son historias calcadas. Y, como dices, todo eso es muy importante y es lo que queda. Yo ya he podido disfrutar con mis hijos con sus juegos (claro, ellos con sus amigos también), con sus deportes, excursiones, etc. Y es una historia repetida, con los evidentes cambios del paso de los años y las nuevas costumbres y juegos.

Espero que Sus Majestades te hayan traido aquello que les has pedido, pues me consta tu buen comportamiento todo el año.

Un fuerte abrazo.

buggy said...

Hola Mc,
¡Feliz año! Espero que todo te vaya bien en el 2010.

Recuerdo este post sobre los juegos de la infancia. Mi memoria es muy mala y no me acuerdo de nada de cuando era pequeño.

La película "La vida de los otros" está muy bien como denuncia política de lo que es el socialismo, y como película en sí es un producto aceptable. No pensé que había perdido el tiempo viéndola.

El actor que protagoniza al encargado del espionaje lo hace muy bien, pero en realidad todos los actores están bien en esa película ¿Sabías que la mujer de este hombre fue en la vida real delatora al servicio de la Stasi? El pobre murió de cáncer de estómago prácticamente cuando se estrenó la película.

El único pero que le pongo a la película es que la vigilancia se realice por intereses personales, los del ministro, como si la labor de la Stasi fuese menos mala de no haber sido así. La perversión no es que se pongan los medios del estado para satisfacer una necesidad personal, sino que el propio sistema socialista es deplorable y perverso. Un pero menor.

buggy said...

Hola Mc,
no sé si es el mismo concepto de "gente vacía", pero hace tiempo que me ronda la cabeza escribir sobre los colaboradores necesarios de los sociatas, gente que sin tener ideología socialista les sigue el juego porque simplemente no tienen pensamiento propio ni intención en ningún caso de ir contra el poder. Ésa gente hace tanto daño como los propios socialistas.
No entiendo muy bien qué detona la conexión entre el espía y los espiados. Quizá simplemente se da cuenta de que ahora está haciendo lo correcto.

"¿Como se llama tu pelota?" podría ser el momento clave en el que se da cuenta de su propia monstruosidad.

FRAN said...

Gracias por tu comentario de hoy, querido cofrade de bohemia, dandismo y bonhomía (incluso bonhombría, diría).

YOU'RE GREAT, ADMIRAL!

Yours Faithfully,
el Capitán Calaveras

Emperador said...

Tus recuerdos coinciden en gran parte con los míos y es cierto que aquellos juegos eran más divertidos que lo que ahora hacemos como adultos. Se ha perdido gran parte de la magia de la infancia, esa época en que todo parece posible y los sueños no son sino realidades a punto de cumplirse.

Afortunadamente he vuelto a jugar con mis hijos al Monopoly hace poco, lo que me ha hecho volver a mi infancia. El resto de sus juguetes son muy distintos: muchos videojuegos y muñecos de acción que yo no conocí, pues me quede con los fuertes donde americanos e indios de plástico libraban mil batallas. De la Play Station estoy igual que tú; me quedé en aquellas máquinas de matar marcianos que aporreábamos al salir de la clase o de la Universidad y que funcionaban con moneda de 25 pesetas (carísimas, por entonces).

Pero los niños siempre serán niños y allá donde haya uno, habrá un sueño, o mil sueños quizás.

Un abrazo.