Friday, 12 February 2010

“LA BLASFEMIA COMO LIBERTAD DE EXPRESIÓN”

Una de las muchas perversiones del lenguaje y las ideas en estos tiempos de demencia y fiebre ha sido la tan manida frase: “libertad de expresión”.



Normalmente cuando la palabra libertad al uso “progre” (que es la que estamos padeciendo en estos 30 años) se junta con cualquier otra terminan las dos prostituyéndose de tal manera que me temo que quedan inservibles para todo.


Recuerdo que al final de mi alegre infancia, en aquellos años en que todo iba a cambiar, se produjo una explosión radical de expresiones “libres”. La nueva patraña autocoronada pseudo-intelectual comenzó a decir tacos en público y se veían carteles por todos los lados con fotos de mal gusto y mujeres materializadas en carne, en pelotas vamos, para goce del feminismo militante que parece que siempre disfrutó mucho con esta reducción de la mujer a mero objeto generador de orgasmos.


Todo esto era muy bienvenido en aras de la libertad de expresión y todos lo celebraban sin disimulo a risotadas o con sonrisa panoli.


Un paso más en esta mierda fue la utilización de la blasfemia como vehículo de expresión. El catolicismo y sus símbolos han servido como herramienta impagable para extender el concepto de la libertad de expresión a partir de su vulneración y sistemática puesta en ridículo. Cuando alguien osaba protestar, salía el comisario progre de turno a recordarnos con soberbia el concepto y a ordenarnos a ser tolerantes sin tener el cuenta el sentimiento herido. Ya que sentir algo por un símbolo religioso está visto como actitud reaccionaria y enferma.


A este punto es interesante el debate que se produjo con las caricaturas de Mahoma. Y es interesante porque el sector “liberal” ha defendido de alguna forma la publicación en aras a dicha libertad. Sinceramente, siento tanta repulsa hacia esas viñetas como cuando veo en algún “South Park” de turno la utilización de símbolos que hablan de altos sentimientos. Eso no es libertad de expresión en mi opinión. Creo que en los límites y en el respeto al sentimiento está nuestra verdadera libertad y deben de ser intocables.


En un paso más hacia el final, vimos que las canciones que se cagan (o defecan) en víctimas de terrorismo y hacen del sufrimiento negocio también entran en la libertad de expresión.


Y hoy leo como un retoño de ramera (perdón a las rameras) junto con los grupos de poder acaban de publicar con dinero de todos una exposición “artística” del que ya se ha comentado bastante.


Esto es un Estado enfermo, moralmente acabado y mediocre. La enfermedad y el cáncer va más allá de un ZP, por ejemplo, que al fin y al cabo no es más que un producto de las circunstancias, nada original, un engendro de otra, o la misma libertad de expresión.


El enemigo está dentro de cada uno y hay que sacudirlo con autocrítica, con pensamiento, con amor y con rabia. No hemos elegido donde nacer pero aquí estamos, en medio del fango y hundiéndonos mientras vaciamos las neuronas de sublimidad.


Lo terrible es que todavía no hemos visto nada. Esta orgía no ha hecho más que empezar.


Pero también es cierto que será el principio del fin.

4 comments:

Cualquie said...

Hola, Mac. El problema de la libertad de expresión es ése, que a veces se usa para insultar, y también tiene otro problema, que conlleva la libertad para ser incoherente, para utilizar un criterio según a quien toque defender y después no usar ese cirterio si se trata de atacar a otro, es el caso de Garzón.
Un abrazo fuerte.

buggy said...

Hola Mc,
si criticas a algún progre poderoso, el alcaldín por ejemplo, cometes un delito, pero si pones a la virgen de prostituta entonces te ampara la libertad de expresión y además los poderosos te subvencionan...
Casi prefiero que no haya límite a la vista de cómo el límite está alto o bajo según interese a la basurilla progre que sufrimos.

FRAN said...

Buenas noches, Admiral!
La libertad de expresión debe estar acotada porque, si se abusa de ella, se convierte en libertinaje. Además, parece que no todo el mundo puede decir las mismas cosas: hay gente a la que le está permitido soltar las mayores burradas y no pasa nada, sobre todo si es en televisión. Pero si eres un periodista tipo Jiménez Losantos, pues ya no puedes casi ni hablar, porque según los otros es un maledicente, un faltón y un blasfemo. Así estamos. Somos víctimas, además, de la dictadura de lo políticamente correcto, que es nefasta.
Un fuerte abrazo, Almirante!
Y, por cierto...
God bless you!

Persio said...

Si al menos insultaran con su dinero... Pero tienen que hacerlo en exposiciones subvencionadas. Quita la subvención y muchos insultos se acabarán. O dejarán de ser gratuitos. Ya procurarán no ofender a la clientela.

Un abrazo, Almiral