Monday, 12 July 2010

EL DIA DESPUES DE LA GLORIA – CRONICA DE UNA CELEBRACION EN DUBLIN – WELL DONE!!

“lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”



A.Camus
 - “Hazme una foto aquí, please”


Me coloco en la esquina donde una gran bandera española cubre las cortinas del pub. Es una enseña enorme y sin escudo, como a mi me gustan. Poso y me parece estar en la feria de Sevilla. El pub está decorado con un número infinito de banderolas de España que suministran una alegría y colorido rojigualda contrastado por la gravedad parda y oscura de la decoración tradicional.




Se acerca la hora y el ambiente se va animando ante la pantalla gigante del jardín. Llega un grupo de españoles con sus camisetas y su grito alegre ante la mirada curiosa de los Irish. Los españoles nos hacemos notar en seguida, el murmullo sube, nos saludamos con efusión y una bota de vino empieza a hacer su ruta protagonista entre las anfitrionas pintas de Guinness.




Suena el himno holandés y se respeta en silencio. Al llegar al nuestro, subo mi bandera y empieza un coro universal, dadaísta, eufórico, sin letra. Delante de mí me observa una pantalla y tres sonrisas perfectas pertenecientes a tres mujeres que dicen “Viva España” lo mejor que pueden. Una lleva la camiseta de la selección pero todas tienen facciones isleñas con sus ojos claros, su pelo rojo, sus facciones de raíces celtas.


El partido es violento y el árbitro es inglés, lo que quiere decir que el sujeto va a consentir mucho. Así es. Los Spaniards piden tarjetas, aguantan patadas mientras la bota sigue pasando para despertar un primer coro de ánimo:


- “Oeeeeeeeeoeeeeeeeeoeeeeeeeeeeeeoeeeeeeeeeeeeeee!!!”


- “Que Viiiiiiiiiiiiiiva Eeeeeeeeesspaña!!!”


- “Oe!”



Los Irish se unen al coro con entusiasmo y buenas intenciones mientras comienzo a comentar el juego con un grupo de chavales de la tierra. A mi lado hay un señor con pelo blanco y mejillas rojas, menudo, de unos 60 años con gafas y camisa blanca que contrasta con su pinta de cerveza negra. Está solo y tiene aspecto de tener una biografía interesante, cara de buena gente y no habla con nadie. No parece hispano, se le ve un poco tímido y le digo algo en inglés, me devuelve la sonrisa y me dice con un acento extraño que prefiere hablar en español, que no entiende el inglés.


Los minutos caen, los españoles seguimos cantando pero el marcador no cambia. Llega el descanso y nos vamos todos al servicio. En el camino la gente sonríe, da palmaditas y dice “Viva España” pronunciándolo cada vez mejor con sus gargantas pulidas por la cerveza.


Volvemos concentrados, el partido se reanuda, las patadas de los holandeses empiezan a ser correspondidas por las nuestras y el asunto se va complicando. Es un partido bronco donde para ganar hay que saber esperar, es un partido para hombres con confianza y experiencia. Hay que hacer tiqui-taca y tener paciencia.


- “Yo a los penaltis no llego, eh?”


Oigo decir por detrás a un chico de Sevilla. La tensión crece y empieza a llover un poco. El griterío aumenta en la parte final y se aúlla como posesos cuando Casillas salva al equipo con una parada de “intervención divina”. Es el momento de animar, hay que gritar y los Irlandeses se unen a los coros:


- “ES-PA-ÑA! ES-PA-ÑA!!!”


Este mantra lo grito yo levantando las manos como un director de orquesta surrealista y estrafalario.


- “Come on, everybody!!!!!”


Todo el mundo secunda el grito y la tensión se reparte entre el personal creando una fuerza contagiosa. La señora de la camiseta de España y su grupo amplía su sonrisa y comienza a hacer exclamaciones. Intentan gesticular como españoles, lo cual produce un efecto extraño, una contradicción entre su físico vertical del norte y los gestos latinos, como niños que empiezan a aprender a expresarse.


Pasan los minutos y todo el mundo tiene algo que gritar, algo que decir para desahogarse, por necesidad. Nos vamos a la prórroga y todos corriendo al baño otra vez. Las colas son inmensas y hay que darse prisa, es esta media hora nos jugamos todo.


Vuelvo a mi puesto, miro hacia atrás y veo las expresiones de la gente, están en un estado de concentración máxima hipnotizados ante el espectáculo, ensimismados. Pasan los minutos y nadie quiere penaltis, los jugadores tienen la cara desencajada, pocas veces he visto expresión semejante de ansiedad en los profesionales.


Estamos en trance, en vilo. Sabemos de sobra que esto ya no es fútbol, es otra cosa y por eso estamos todos tan pendientes. Sabemos que esto es muy importante más allá de cualquier tópico. El juego es una excusa, un invento moderno para canalizar el sistema nervioso de un pueblo y que va a producir consecuencias determinadas. Lo sabemos. Lo que está pasando en esa pantalla sobrepasa lo que los actores realizan, y en este estado-sentimental-moderno en que nos encontramos, cosas tan superficiales y tan chorras como unos millonarios tocando un balón tienen una importancia vital. Lo sabemos, y que nos parezca bien o no es irrelevante. Es así.


- “Iniesta-Iniesta-Iniesta-Iniesta!!!”


El grito estalla y mi reflexión desaparece. Todos salimos de golpe de nuestro ego para fundirnos en un grito bronco, radical, ansioso, roto. Noto que me abrazan, que abrazo, me tocan la cabeza, me mueven. Somos intangibles y fragmentados, todos-somos-otro, somos todos, somos el de al lado, somos el de mas allá, somos el equipo, somos España. Una lluvia de cerveza cae de un cielo encapotado y todo parece discurrir a cámara lenta.




Me desenrosco de brazos ajenos y vuelve la realidad en forma de cronómetro para dictar que todavía quedan minutos.


- “Well done! Well done!”


Pitido final y las mujeres de enfrente ofrecen abrazos. Es la primera vez que me abrazo a alguien en estas tierras sin ser presentado antes, que cosas.


- “Congratulations, well done, Viva España!”


No puedo evitar la lágrima y me acerco a una puerta apartada para llamar a casa y elevar el móvil para que el ambiente se transmita. No oigo nada al otro lado, “luego llamo”, “esto es importante”. Me llama Nuria, -Nuria siempre llama- y oye mi voz ronca en A Major, “Madrid es una locura, mañana hablamos”. Llama Clare de UK, llaman de Italia, llama Jackie que deja un mensaje de audio de 24 k con un: “goooooooooooooooooooooooolllllllllllllll- Viva España-Well done-Kisses!!”


Vuelvo para seguir recibiendo los aplausos y besos de las mujeres Irish que se ofrecen a secarme la lágrima mientras los tíos ofrecen su mano y su felicitación, “thanks, thanks, thanks”.


- “This is very important, you know! Just for the country! We did need it, we did deserve it!”


Los españoles danzan y comen pulpo en memoria de “Paul the Octopus”. Respiro hondo mientras me apoyo en una esquina. La señora de la camiseta roja se acerca y me presenta a sus amigas, son todas hermanas y están muy contentas. Gente maja, educada, que veranean en Marbella y se alegran del éxito.


Saludo al señor con la camisa blanca y me dice que es francés pero que vivió en España durante 9 años y la lleva dentro.


- “Somos un país complejo. Seguro que entiende lo que ha pasado hoy”


- “Muy complejo y muy hermoso. Yo viví en el 75 y aquella era otra España, me dice”


- “Mejor o peor que esta”


- “Yo creo que mejor”


Nos sonreímos y le invito a una pinta. Las alegres hermanas se unen y me cuentan su vida por turnos, eran seis hermanas pero una murió de cáncer de pulmón hace años, me dicen con pesar. “Vaya, lo siento” digo todo educado.


Los españoles siguen bailando su música improvisada y bebiendo de la bota, los irlandeses se unen a la fiesta y las pintas siguen cayendo en una noche que se hace clara.


En una noche para recordar, indeed. Mi vecino se sostiene por la emoción y las pintas, se acerca, apenas puede hablar, apenas se tiene y me pide consejo de cómo seducir a una amiga, que le gusta mucho, el tema eterno. Vuelta a la normalidad, vuelta a la vida.


El pub se vacía, los empleados limpian la barra y nos retiramos pausados en un desfile de victoria en el exilio, en un paseo satisfecho y lentísimo. Miro al móvil y está colapsado de mensajes.


Llego a la Marina entre una brisa de triunfo y silencio, abro la puerta y quito la alarma. Coloco mi bandera con delicadeza y paso unos minutos mirando hacia el infinito del mar.


6 comments:

FRAN said...

Hola, Almirante.

Vivir una acontecimiento así fuera de España debe ser emocionantísimo, no me imagino cómo puede ser, auqnue lo has descrito muy bien. Creo que la alegría será doble, pese a que vaya acompañada de cierta nostalgia.

Un fuerte abrazo, Mac, y
¡VIVA ESPAÑA!

Anonymous said...

Ese mismo ambiente se ha vivido en cada rincón de esta tierra, pero en tu caso, al estar lejos y sentir la emoción del triunfo acompañado con gentes diversas, ha tenido que ser emocionante.
Enhorabuena y a disfrutarlo una temporadita.
Besos. mamita

avigoria said...

Hace poco vi la pelicula de Invictus. Como recordarás, querido MAc, la pelicula cuenta como un Gran Lider, (y lo escribo en mayuscula porque demostró Generosidad para aquellos que le habian robado gran parte de su vida), consiguió unir a un Pais a través del Deporte en una final sin precedentes, gracias al esfuerzo de un equipo que, en un principio tenía tan pocas posibilidades de conseguir la Victoria como España al comenzar el Mundial, un Gran Lider que renunció a su Ego por su Patria, por su Bandera y por la Libertad de un Pueblo...

Ayer, sentí una gran emoción al ver como un Gran Equipo se ha esforzado y ha luchado para conseguir una Victoria que ha UNIDO, por una vez, a un Pais cuyo lider pólitico renuncia a su Patria, a su Bandera y a la Libertad de Nuestro Pueblo, tan solo por su Ego...

Me alagra saber, que aunque tan solo haya sido por unas semanas, aquí, en el mismisimo centro de Madrid, mostrar la bandera era motivo de orgullo en vez de motivo de insulto. Espero que quede en el recuerdo de todos que ESPAÑA CUANDO QUIERE PUEDE, Y SOLO TRABAJANDO EN EQUIPO SE CONSIGUE.

Gracias por compartir como viviste el partido desde tu romantico exilio voluntario.

Un fuerte abrazo

Seneka said...

VIVASPAÑAAAAA!!!!

Un abrazote, Mac.

A./ said...

Je, je. Menudo mesecito. Dicen que el alcohol provoca relaciones de solidaridad ficticia, pero los españoles tienen algo más en común que la ingestión de sedantes. Un fuerte abrazo, exiler.

A./ said...

A Xavier Quinzá le han gustado tus fotos. So you know. Take care.