Saturday, 14 August 2010

EL EJERCITO ESPAÑOL, RECUERDOS DE LA MILI


Atentos en descansoooo!!! Fiiiiirmes!!!! Arrrrrr!!!


No se mueve nadie, no se mueve nadie!!! Cantamos con fuerza:


“Caballero español, centauro legendario, jinete valeroso y temerario…”

Teníamos la voz cascada, desentonada, a tono con el apasionamiento con que nuestros mandos nos daban la formación. Yo estaba rodeado de chavales de Castilla y Barcelona con una media de edad de 19 años. Los catalanes eran muy espabilados y se las sabían todas. Los nuestros parecía que habían salido del pueblo antesdeayer.

Un sujeto muy simpático de Tarrasa era el que se encargaba de traer las drogas cada fin de semana a sus colegas:

- 'Quieres un trippi, Mac? Gratis, que tú eres un tío legal, joder.'

Y yo, que era un abuelo de 24 años, envejecido por estar tan cerca de esta energía flipada y urgente que portaban las nuevas generaciones, decía que no, que lo mío era el tabaco y hasta le daba consejos alertando sobre la cantidad de porros que esta gente se metía entre pecho y espalda al día.

Otro fichaba todos los días en la cárcel y tenía su taquilla al lado de la mía:

- 'Me gusta ese anillo de chuloputas que tienes, Mac, es muy guapo'

Hizo la mili uno ya viejo, con las pupilas arrugadas de ver los-muros-de-la-patria-mía inundados de pintadas y blasfemias. Hizo la mili uno tarde, pero ilusionado, como uno hace en el fondo todo, buscando que la realidad nos proporcione algún atisbo de esperanza. No lo encontré ciertamente entre los muros del cuartel, la fortaleza del “temible estamento”, otrora respetado, “gloria nacional”. Un estamento aparte que se suponía custodio de esencias y portador de una música peligrosa y mítica que sonaría en los crepúsculos calificada como “ruido de sables”.

No, no había allí ni sables ni mas ruido que el los bostezos pronunciados de un grupo de ociosos con uniforme, con estrellitas sin referentes de cielo, que se dirigían al Ejército como “esta-puta-empresa” y cuya mayor preocupación era la nómina, los puentes, las guardias y hacer poco, o nada. Convivían en armonía cotidiana y absurda en ambiente de siesta eterna los diferentes grupos: los suboficiales, muy resabiados, los oficiales de carrera que miraban desde lo alto, nosotros, los últimos reemplazos y por último los que hacían la mili de alférez y a los que nadie saludaba. Todo bajo el mando de un Tcol invisible secuestrado a si mismo entre un despacho con cuadros de héroes y alfombra roja y el bar de oficiales.

En uno de esos movimientos fulgurantes que ha marcado mi brillante biografía fui ascendido a cabo y me dieron dos galones con tres tiras rojas. Había que quitar una para no confundirlo con los profesionales que normalmente eran tíos marroquís nacionalizados, los únicos motivados del cuartel, que limpiaban el cetme más rápido que nadie y se quedaban mirándote con un desafío sutil y previsor de lo que va a venir.


Uno se va desengañando poco a poco de los viejos mitos, y si bien es cierto que no esperábamos encontrar ni visionarios ni sables ruidosos (que no hace falta tampoco, espero se entienda esto), si esperábamos cierta vocación, rebeldía, inquietud, malestar, amor por la institución de gente que funda su obra sobre la base de un juramento. Juramento que ancla la existencia entre la Tradición, la Eternidad y la Patria y ahí me las den todas. No, ésta generación estaba hecha a imagen y semejanza de su General Manager, y por tanto con plena identificación sobre la particular forma de jurar y expresarse del sujeto.

Y así nos encontramos cara a cara con una institución desahuciada, autodestruida, muy limpia desde la lavandería “23F” dejando una colección “alegre” de “soldados del amor” con mala memoria para los lemas de “honor y gotas de sangre” y que gusta de chanzas como “preferir que nojjj maten a tenejjj que matar”.


Institución ahora custodiada en manos de una gachí de ideología radical que aceptó el curro preñada ante los mandos mudos y cuyo problema no es que sea mujer ni haya estado embarazada (que siempre salen las “del género” a dogmatizar, quietas niñas!). No, el problema es que es una persona sin ningún tipo de trayectoria ni entendimiento del Ejército y con idea relativa de la Patria incompatible con el artículo 8 de la Constitución. Eso es todo, feministas no se me calienten. Denme una Maggie Thatcher (en su época) o una Condolezza y ahí no hay problemas ni discusiones (o no son mujeres, estas?).

Pero no conviene engañarse ni llevarse mal rato. Soy de los que creo que cada uno tiene sin duda lo que se merece. Y un grupo que asiste mudo ante el desahucio de la Patria que han jurado defender, con olvido de sus muertos, que solo se expresa con discursos tibios después de brindis para jubilados, que ignora la destrucción de sus símbolos, de su historia, de sus estatuas, de sus himnos y que solo encuentra energía para mover el culo y ponerse de morritos porque se les quita el acceso a la banda ancha, no merecen mucha consideración.


“Brigada heroica,la patria esperaque tus jinetesdefiendan su bandera”


Rompan filas!!! Arrr!!

2 comments:

Cualquie said...

Hola, Mac. Yo hice una mili que... en fin. De volunatrio. Cantaba el "ardor guerrero", que era el himno de Infantería. Estuve cuatro días en el calabozo por no hacer nada malo, porque me bajé a la Cantina a no sé qué sin pedir permiso. Fueron cuatro días porque era Diciembre y el día de Noche buena me indultaron; en realidad el arresto era de 16 días.

Ahora la mili es otra cosa, y España es otra cosa también, no es España.
Un abrazo fuerte.

Seneka said...

Has descrito magistralmente mi experiencia militar. Y mi sentir por la institución.

Abrazote, Mac.