Friday, 17 December 2010

LOS AMANTES DE CONNOLLY STATION

El viento se revela con más fuerza cuando llega a las inmediaciones de Connolly Station, la estación situada al norte del río Liffey. La corriente helada que nace del norte del mundo atraviesa el Irish sea para llegar rabiosa al centro de la ciudad. Tal fuerza apenas se alivia al pasar por el túnel que divide las últimas plataformas, en ese mínimo paseo decorado con imágenes de gigantescos muñecos con coronas que ríen y comen hamburguesas o con esos individuos de mejillas coloradas vestidos de coca cola con gestos que quieren ser entrañables. Al salir del túnel la corriente me golpea de nuevo trasladándome a lo real en un soplo siberiano. Me abrigo un poco mas colocando la bufanda en su sitio mientras el marcador con letras rojas me anuncia que mi tren llega en doce minutos.
 Un conjunto de personas heladas con bolsas esperaban en el arcén haciendo pequeños movimientos temblorosos provocados por el frío. Algunos caminan un poco y solo muestran unos ojos helados que sobresalen entre el gorro y la bufanda.


Me ajusto más el gorro, me froto las manos y me coloco mi mochila repleta de regalos y libros cuando de repente un ramalazo de vida portado por una corriente de carcajadas se hace presente en la escena. Tal alegría inesperada brota desde la pareja de novios que tengo enfrente. Ella le está enseñado algo en sus manos que ha provocado la hilaridad de su hombre. Los dos se ríen sin poder apartarse la mirada con esas risas naturales, espontaneas y seguras que vienen del paraíso de las infancias. Su gozo se corona por esa áurea móvil, juguetona que del aliento hace visible el frío envolviéndoles en el humo de un fuego burlón que reflecta con luz propia la alegría de los dos rostros. La pareja no pasa inadvertida ante el resto de los que allí nos congregamos y es todo un contraste ante nuestras silenciosas figuras encogidas, solitarias e inertes a las que apenas ampara la música sabida del mp3.


Los amantes juntan sus cabezas para observar algo que parece una máquina electrónica al que juegan como niños que han descubierto un nuevo regalo. Cambian continuamente la posición de sus rostros mientras se deleitan entre interminables risas y mimos, tras los cuales se miran con asombro y sonrisa como si acabaran de inventar el Primer Beso. Se cogen de las manos para no perderse y el aurea del frio se funde en su pasión como si fueran uno. Me muero por hacer una foto pero creo que el momento es tan sagrado que no debe ser representado.


El tiempo pasa y el éxtasis se interrumpe por los altavoces metálicos que anunciaban la llegada de un tren en la plataforma anexa. Llega la locomotora entre la oscuridad y ambos contienen los besos para encarar la puerta. Me preocupa porque en esta estación de Connolly hay un cierto espacio entre el tren y la plataforma, espacio que me parece más excesivo que nunca en esta ocasión.


La mujer encara la puerta del tren y su amante se coloca con precisión detrás de ella. Con un gesto que se ve varias veces practicado, el hombre coloca sus manos sobre la empuñadura de la silla, la eleva con fuerza y empuja a su amor hacia el interior del vagón. El joven se queda solo en el andén, duda un momento y a punto estoy de acercarme cuando con habilidad eleva las ruedas de su trono y con un impulso se coloca en el interior dejándose entrar por la inercia.


El tren avisa la salida con tres pitidos y desde la ventanilla les veo de nuevo besándose, sujetándose ambos a la barra amarilla y acariciándose la cara como dos reyes sin piernas a los que les basta su trono y sus abrazos.


Miro a la columna y veo que la rampa de emergencia estaba ahí, ignorada. No ha hecho falta utilizarla y me alegro. El tren desaparece entre el vapor de la noche llevándose a los amantes dejando a la Connolly Station recuperar su rol de mera sala de espera para un conjunto de personas que tiemblan de frío mientras escuchan música en su mp3.

5 comments:

cualquie said...

Hola, Mac. Aquí en España, en cambio, yo creo que no queda ya ni una pareja enamorada, y sólo se ríe la gente sin ganas, a costa de sus penurias; bueno, quizá no sea así, tal vez -o pejaps o meibi- sea que yo veo las cosas desde un interior algo triste. Pero lo cierto es que falta una alegría en la gente que sí existía antes de llegar "él"; ya sabes quién, ése, ése, el del apellido que empieza por la última letra.

Un abrazo fuerte.

a./ said...

Feliz navidad si no te veo, Mc.

The line breaks and the guns go under,
The lords and the lackeys ride the plain;
I draw deep breaths of the dawn and thunder,
And the whole of my heart grows young again.
For our chiefs said 'Done,' and I did not deem it;
Our seers said 'Peace,' and it was not peace;
Earth will grow worse till men redeem it,
And wars more evil, ere all wars cease.
But the old flags reel and the old drums rattle,
As once in my life they throbbed and reeled;
I have found my youth in the lost battle,
I have found my heart on the battlefield.
For we that fight till the world is free,
We are not easy in victory:
We have known each other too long, my brother,
And fought each other, the world and we.

And I dream of the days when work was scrappy,
And rare in our pockets the mark of the mint,
When we were angry and poor and happy,
And proud of seeing our names in print.
For so they conquered and so we scattered,
When the Devil road and his dogs smelt gold,
And the peace of a harmless folk was shattered;
When I was twenty and odd years old.
When the mongrel men that the market classes
Had slimy hands upon England's rod,
And sword in hand upon Afric's passes
Her last Republic cried to God.
For the men no lords can buy or sell,
They sit not easy when all goes well,
They have said to each other what naught can smother,
They have seen each other, our souls and hell.

It is all as of old, the empty clangour,
The Nothing scrawled on a five-foot page,
The huckster who, mocking holy anger,
Painfully paints his face with rage.
And the faith of the poor is faint and partial,
And the pride of the rich is all for sale,
And the chosen heralds of England's Marshal
Are the sandwich-men of the Daily Mail,
And the niggards that dare not give are glutted,
And the feeble that dare not fail are strong,
So while the City of Toil is gutted,
I sit in the saddle and sing my song.
For we that fight till the world is free,
We have no comfort in victory;
We have read each other as Cain his brother,
We know each other, these slaves and we.

Avigoria said...

Impresionante y aleccionador...
Bonito regalo de Navidad en el que podemos ver que lo único que nos puede hacer sentirnos Feices de verdad es el Amor (que no el enamoramiento...), aunque la palabra haya sido utilizada tantas veces que ha perdido su significado o se considera "cursi", pero es lo que mueve el mundo...
Gracias por inmortalizar en una fotografia relatada la alegria de los Amantes de Connolly Station
Un beso enorme

Mary Smith said...

Tu “fotografía con palabras” de hoy me ha llegado especialmente al corazón y me ha llevado a dos reflexiones personales:
- Tengo que dar gracias a Dios con más frecuencia por haber recobrado totalmente la salud y poder disfrutar la vida en toda su plenitud, y por eso tengo que recordar siempre que hay que vivir cada instante con energía consciente y renovada, disfrutando más de este regalo inmenso que es vivir.
- También tengo que dar gracias por poder conocer, al fin, que el amor es la fuerza más poderosa del mundo. El amor cura, recompone, orienta y nos hace trascender hacia lo que realmente es importante en la vida, consiguiendo arrancar el egoísmo de nuestro ser para centrarnos en la donación al otro, y a los demás al fin y al cabo, y esto es precisamente lo más maravilloso que le puede pasar a alguien: amar y ser amado.
Gracias, querido amigo, por escribir hoy algo tan hermoso, y felicidades por saber valorar, con esos ojos tan especiales que tienes, estas cosas que generalmente pasan desapercibidas para todos con las prisas de este mundo.

Anonymous said...

No hagas esa fotografía en papel, hazla en carne, encárnala. Es la única forma de conseguir que no se borre nunca la emoción de ese momento.
Irlanda es cálida en su gente y en sus pabs. Sólo tiene un pero, hay menos pelirrojas que las que creía.
Recibe un saludo mesetario y navideño del veedor de belleza.