Thursday, 24 March 2011

Adiós Elizabeth: Un Mito en enaguas

La recuerdo en enaguas en una casa del sur. La veo pequeñita, con curvas; su rostro simétrico apenas mostraba unas gotas de brillo, sudor de diosa, producido por el calor asfixiante de un sueño americano en Texas. La ignoraba un marido reprimido y en pijama que, con la ayuda de una muleta, buscaba licores con la mirada perdida. Mientras ella anhelaba una respuesta, él esperaba el click que cambia el canal de las conciencias para saltar, de nuevo, desde la insoportable realidad hasta la brevedad inmensa de los paraísos artificiales. ¡Pobre princesita en una casa inmensa, cárcel de roble, monumento al triunfo, prisión de dinastías, rodeada de niños hiperactivos y anglos que vienen a felicitar a un abuelo gritón y millonario para empezar a gestionar la herencia!



Yo ya la conocía de antes. Allá entre un grupo de mujercitas bajo la nieve se me presentó con su simétrica sonrisa y el áurea de una presencia que hacía de ella una mujer distinta: ni la más guapa ni la más exuberante, simplemente la presunción de una chica guapa que iba para Diva bajita y cuyos ojos estaban destinados a irradiar vida en tecnicolor.


De Mujercita pasó a Dama en el paseo fucsia de Hollywood en los 50 entre “Gigantes” explotando en Diva vestida de egipcia en un film histórico donde lo más importante sucedía entre escenas y bastidores. La pasión se produjo, la productora quebró y la industria empezó a entender el cine de otra manera.


Yo, sin embargo, siempre la preferí mujer diseñada por el maestro Tennessee, revelándose de nuevo en “Boom”, vestida de azul en una torre de marfil blanquísima y a su medida esperando entre cócteles y píldoras a un Burton locuaz y vividor que escalaba acantilados.


Mr. Burton la conquistó y reconquistó, of course, y les volví a ver un poco más tarde bajo un bosque lácteo al compás de la poesía de Dylan Thomas en un Gales de pescadores, entierros, fantasmas y realismo mágico.


Dicen que casó muchas veces, que es como no casarse ninguna, que apadrinaba chicos guapos sin sexo y que quizá la amaron sólo una vez. No sé. A mí del Olimpo del celuloide para acá no me interesa nada, yo me muevo desde la leyenda que se forja de la pantalla hacia el mito que perdura siempre.


Y solo sé que la vi amar y odiar como se aman y odian los supervivientes y frustrados bajo la batuta maestra de Albee en la sinfonía magistral llamada “Quien teme a Virginia Wolf”, donde dos soledades unidas hacen de una biografía inventada la base que sostiene una vida falsa y la razón de existir. Dos soledades unidas que sobreviven su fracaso entre hijos invisibles y sueños regados de alcohol con el ansia de intentar reventar juntos cuando los primeros rayos de luz de la mañana atraviesen las cortinas del dormitorio, se filtren por las hendiduras de maltratadas neuronas con resaca y dejen pasar esa lucidez mortal que, cual hilo sutil lleven a la muerte compartida.


Se ha ido, la Diva acaba y el Mito comienza. Esta noche leeré a mi amigo Dylan Thomas describirme el bosque lácteo que, entre mi jardín y la luna, contiene a un Mito en enaguas colocándose las medias en las alturas de los techos calientes e infinitos del Olimpo.


Buenas noches, Diva.

6 comments:

IURIS said...

Ella no quiso ser actriz. Siempre dijo que no tuvo elección. Fue su madre, actriz fracasada quien la llevo desde niña en un peregrinaje sin fin a fotos de anuncios publicitarios, pequeños papeles en películas, teatro, y cualquier cosa en la que la niña pudiera actuar.
Tuvo suerte, o quizás su madre vio en la niña el talento del que ella carecía. Parte de su éxito fue su bello rostro, su mirada de un color imposible y su capacidad para hacer creíbles su personajes. La niña que no quería actuar hizo de su vida una película permanente, como un personaje dentro de otro para seguir viviendo.

Un abrazo

FRAN said...

Hola, Almirante:

Emocionante y sentido homenaje a un a de las más guapas de Hollywood. Qué bien has sabido retratarla. Era bella, sin duda, pero poseía además un magnetismo especial que la hacía irresistible, como demuestra en tantas películas, en especial para mí en "La gata sobre el tejado de zinc", que ya veo que a ti también te gusta. ¡Cómo no...!

Un fuerte abrazo, que Dios te bendiga y a ver si un día nos tomamos esa pinta de cerveza mientras brindamos por 'la gata'

Avigoria said...

Bonito recuerdo para una gran y bella actriz.
Mi película favorita de Liz Taylor es, sin duda alguna, "El arbol de la vida", aunque también me gusta mucho "Un lugar en el sol", curiosamente en las dos, trabajan juntos Montgomery Clift y ella.

D.E.P

Un abrazo, dear Mac

pablo said...

me estare haciendo mayor, en casa no me sigue nadie cuando encuentro un clasico. Cuando me entere de la noticia de su muerte, estaba con mi hija mayor, de 17 y una amiga de ella, y ninguna sabia de quien se trataba. que triste.
un mito del celuloide
un abrazo
Pablo

rogebcn said...

Buen obituario de la actriz.

Me quedo con la frase:

"Dicen que casó muchas veces, que es como no casarse ninguna..."

Un abrazo,

Roge

Zambullida said...

Coincido con Chesterton, digo con Fran, las ha retratado muy, muy bien. Me ha impresionado tu "diágnostico" de esa película postrera que le dio un Oscar.

Me has recordado, por cierto, que tengo que leer a Dylan Thomas.