Sunday, 18 November 2012

HABÍA UNA VEZ…


Recuerdo que tenía 3 años y me habían engañado para quitarme las anginas diciendo que no pasaba nada. Entré en el hospital confiado como un buen salvaje rousseauniano - todo sonrisas e inocencia -  y tras unas horas salí mal, llorando, rabioso y ya casi existencialista. Salí a gritos y con babero con esa primera sospecha de que hasta los tuyos te pueden tender trampas  -aunque con coartadas de buenas intenciones. No era el primer desengaño, sin embargo. Poco tiempo antes había sido expulsado de la etapa mas gloriosa y creativa que esta vida puede ofrecernos, ese Paraíso en la tierra de nueve meses donde, encerrado en la Casa materna, uno en realidad desarrolla su magna creatividad y de hecho ya sale completo al mundo para aguantar la tragedia que le espera. Tras el gran trauma de ser arrojado-al-mundo y condenado-a-ser-libre yo todavía estaba gozando esa prórroga majestuosa antes del drama llamado Infancia. Territorio en que si uno ha tenido la suerte de ser feliz, sabe que todo su proyecto de vida consiste en reproducirlo tipo eterno-retorno para los suyos. Si desgraciadamente ha sido infeliz hay riesgo de convertirse en un tecnócrata, un positivista o algo así y queda a merced del mundo, las modas y toda esta farsa.

En fin, como decía, recuerdo tumbarme en la cama de mis padres tras salir del hospital con la dignidad de Don Rodrigo en-la-horca como decimos los reaccionarios de La Meseta pero con el consuelo de las sonrisas de mi madre que te convencen de todo, como siempre, antes y ahora y con un gran muñeco llamado Miliki.
El muñeco lo veo ahora grande desde la distancia del tiempo, casi era como yo, tenía una gorra peculiar, una trompeta y una nariz roja. En su espalda se podían poner unos pequeños discos de color verde que entonaban distintos himnos. En especial recuerdo aquel de ‘Había una vez…..UN CIRCO! con notas que volvían a llenar de alegría mi estancia en la tierra y me hacían recuperar la fe perdida en el macabro hospital. Ponía también esa de VAMOS DE PASEO, SI, SI, SI, y el mundo volvía a estar en su sitio.

A Miliki yo ya le conocía en blanco y negro, en esa tele primera de voz seria que siempre se terminaba cada día con ‘las banderas’. Ese era el momento de fin de emisión cuando tras ver la bandera nacional rodeada de las de la Cruzada daban el visto bueno para irse a la cama tranquilo sabedor de que todo estaba en orden – poco duraría –
Esa estancia convaleciente de felicidad recuperada sólo se interrumpió con la inoportuna visita de un sujeto lamentable que respondía al nombre de Dr Sancho, espécimen responsable de la fechoría de las anginas y que al querer entrar en la habitación con una sonrisa sádica y fingida bajo su bigote negro tuvo que ser interrumpido por mi reacción defensiva. En un acto de valor y carácter – posiblemente el primero – y con Miliki a mi costado cantando ‘Vamos de paseo’ me incorporé y mirando a la puerta lo dije claro:

-          CHANCHO NO!
Debió ser claro y fulminante porque el tal Sancho no volvió a aparecer en mi mi vida. Miliki seguía cantando, el tío, con mas euforia si cabe. Sin duda me dio la fuerza para empezar a dejar una de las primeras cosas claras de mi vida.

Y hoy, aquí desde los Madriles en cama, con un catarro que me va a llevar a la tumba, sin Miliki, rodeado de libros y cuidados no podía dejar de escribir este recuerdo tan lleno de agradecimiento a uno de los nuestros.
Miliki, gracias y descanse en Paz.

No comments: